ANTONIO SALAMANCA:“Es cada vez más frecuente que un agente intente sobornar a un ojeador”

2477

Antonio Salamanca debutó como director deportivo del modesto Alès, recomendando el fichaje de un tal Franck Ribéry, jugador entonces desconocido del US Boulogne. Posteriormente, fue ojeador del Tottenham, Liverpool y Saint-Etienne,  principalmente en España. Detrás de cada estrella hay ojeadores que trabajaron en la sombra para detectar su potencial. Antonio Salamanca es uno de ellos, y arroja luz sobre una profesión del fútbol tan fundamental como poco conocida.

Entrevista: Román Bellver (@Romanbellver)

Fotos: Daniel Duart

¿Cómo se convirtió en ojeador?
Primero fui representante, hasta que mi socio decidió retirarse. Paco Herrera, entonces director deportivo del Liverpool, y Rafa Benítez me ofrecieron ser su ojeador en España. Pero finalmente firmé por el Tottenham tras comprometerme con Damien Commoli hasta el final de su mandato.

¿La marcha de su socio fue el único motivo de su cambio de rumbo?
No. Estaba harto de ser agente. Al final, entre los jugadores, sus dudas existenciales y sus amigos, se creó una sobredosis. Me parecía mucho más interesante buscar futuros talentos en lugar de gestionar jugadores ya confirmados.

¿Los amigos de los jugadores son tan difíciles de administrar?
Sí. Me refiero, por supuesto, a los que les dan una palmadita en la espalda cuando tienen grandes contratos y que desaparecen cuando dejan el fútbol.

¿Son tan fáciles de manipular los jugadores?
Totalmente. La mejor prueba es que lo primero que hacen cuando firman un buen contrato, es comprarse un coche deportivo. Por mucho que les aconsejes invertir, por ejemplo, en inmuebles, no te hacen caso.

¿Cuál es el modus operandi de un ojeador? Hay margen para la iniciativa?
La mayoría de veces, se busca a un jugador para reforzar una posición específica del equipo, pero puede pasar que veamos por casualidad a un jugador interesante y decidamos seguirlo por nuestra cuenta. Hacerle un seguimiento a un jugador implica verlo varias veces tanto a domicilio como en casa, y a ser posible en varios sistemas de juego. Hay que valorar a un jugador a largo plazo y con el mayor número de parámetros posibles.

¿Cuántas veces hay que ver a un jugador para valorar su potencial?
Si recuerdo bien, el Arsenal vio ¡52 veces a Reyes antes de ficharlo! Apuesto por el término medio, porque cuando ves demasiado a un jugador siempre acabas encontrándole defectos. Es necesario, sobre todo, un equilibrio entre los partidos en casa y a domicilio.

¿Pero 50 veces es una exageración, no?
Cincuenta es exagerado, pero se necesita verlo al menos diez veces. Cuando un jugador me parece adecuado, un compañero se desplaza para emitir una segunda opinión. Entonces el director técnico decide, a veces consultando con el entrenador.

Por lo tanto, el director técnico ha de tener una total confianza en su ojeador…
Exactamente. El director deportivo no necesita ni desplazarse. Podemos equivocarnos, pero el número de partidos para ojear a un futbolista depende de la inversión. Si un jugador acaba contrato, el riesgo es mínimo, pero si vale 30 millones, se le verá muchas veces.

 “En España no se tiene en cuenta la vida privada del jugador. Un futbolista no se convierte en fiestero a su llegada, ya lo era antes”

¿Se analiza también su actitud fuera del campo?
Siempre trabajé así con Damien Comolli. Hay que saberlo todo sobre el jugador: su actitud con los compañeros, su vida privada, qué hace en su tiempo libre… Un chico puede ser excelente jugador, simpático en el vestuario, pero si tiene malos hábitos o amistades, se repercutirá en su rendimiento deportivo. Un jugador que pierde 7000 euros en una noche en el casino no estará en las mismas condiciones para el entrenamiento matutino que uno que habrá dormido ocho horas con su mujer y sus hijos. Hay que hacer un trabajo de detective para saber como es un jugador fuera del terreno de juego.

¿Alguna vez fichó a un jugador de mucha calidad con el objetivo de vigilarle y enderezar su rumbo?
Nunca. Nunca hemos fichado a un jugador problemático, aunque estuviera finalizando contrato. Un chico fiestero siempre acabará arrastrando a uno o varios compañeros.

¿Se notan muchas diferencias en la forma de trabajar en Inglaterra respecto al resto de Europa?
Tuve la suerte de trabajar con la misma persona tanto en el Tottenham como en el Saint-Etienne, pero existe una gran diferencia entre Inglaterra y el resto de Europa en cuanto a la organización de los equipos. En Inglaterra hay más reuniones de trabajo y se analiza más en profundidad a los jugadores. Por ejemplo, en España no se tiene en cuenta la vida privada del jugador. En la Liga hay muchos ejemplos de fichajes que no cumplen las expectactivas porque no se les analizó en profundidad. Un futbolista no se convierte en fiestero llegando a España, ya lo era antes.

¿Los equipos ingleses están por encima de sus rivales europeos en cuanto a scouting?
En los clubes ingleses, sobre todo los seis primeros, todo está muy bien organizado. Cada país europeo está perfectamente cubierto por ojeadores, por lo que es prácticamente imposible que un buen jugador pase desapercibido. Luego, se ficha o no, pero lo importante es conocer al jugador. Últimamente dialogué con Albert Valentín en Barcelona, mano derecha de Zubizarreta, y la verdad es que también tienen muy bien organizada su red de ojeadores.

Ojeador y agente, ¿matrimonio forzado?
Para nada, hay que saber diferenciarse. Es como cuando un segundo entrenador se convierte en míster del equipo. He sido agente, pero desde que me convertí en ojeador, puse una barrera. Muchos agentes a los que conocía me llamaron, pero no por ello realizamos operaciones.

¿Pero los agentes no han ganado demasiado peso últimamente?
No. Un ojeador no puede olvidar que trabaja para el club y no para el agente. En el fútbol, todo se acaba sabiendo. Si trabajas para un agente, durarás poco.

¿Es frecuente que un agente ofrezca dinero a un ojeador?
Cada vez hay menos operaciones, por lo que cada vez es que un agente intente sobornar a un ojeador, pero eso implica comprar también al director deportivo… Un ojeador puede hacer un muy buen informe sobre un futbolista, pero luego el director deportivo tiene que desplazarse y validar dicho informe.

¿Alguna vez intentaron sobornarle?
Sí. Fue cuando estaba en el Tottenham y alerté inmediatamente a mi director deportivo. Es inevitable comunicarlo para mantener una relación de confianza, pero también para que el director deportivo, que puede coincidir con ese agente varias veces al año, sepa a qué atenerse.

¿Es difícil mantenerse en el mundo del fútbol siendo honesto?
Uno puede quedarse sin equipo por los continuos movimientos en los clubes, al igual que para el puesto de entrenador, pero la honestidad es una virtud muy valorada por los directivos. El fútbol es un mundo pequeño. Si eres corrupto, saldrá a la luz, igual que si eres honesto. Es bastante reconfortante.

Volviendo a los jugadores, ¿Ha cambiado mucho el perfil del joven jugador?
Muchísimo. Hace unos quince años, un joven futbolista todavía era un “chiquillo” con su bolsa de deporte, su chándal… Ahora los ves bajar del autobús con auriculares enormes y relojes caros. Todavía no han hecho nada en el fútbol pero ya emulan a Balotelli. Hay chicos que ya son inaccesibles sólo porque van convocados con la selección sub16.

¿Es malo que cobren muy jóvenes? El Barça, por ejemplo, paga a sus cadetes…
Depende de la cantidad. Voy a menudo a la ciudad deportiva del Barça y se nota que hay disciplina: los jóvenes no suben al autobús con sus auriculares puestos, no arman jaleo… Le puedo asegurar que eso es muy distinto en la mayoría de los equipos franceses.

¿El FC Barcelona es un caso aislado o esa disciplina se extiende a toda España?
España e Inglaterra son muy diferentes de Francia. Es una cuestión de educación. El triste episodio del bus durante el Mundial de Sudáfrica, o que un jugador no salude a su seleccionador es algo que sólo ocurre en Francia.

“Reyes no hablaba inglés tras tres años en el Arsenal y necesitaba de un acompañante para hacer sus compras en Londres”

Más que un problema deportivo, es un problema de sociedad…
Totalmente. Existe un grave problema en la educación, que supera al fútbol en sí. Es cierto que ves a un jugador de veinte años menospreciando a un seleccionador campeón del mundo, pero también a un alumno pegando a su profesor.

¿Se debería fijar una edad mínima para cobrar o tener agente?
El problema es que los jugadores ya tienen agente con doce años porque todo el mundo se vuelve loco: el padre cree que tiene a Zidane en casa, el hijo se cree Messi y la madre sueña con verle ganar tanto dinero como Cristiano Ronaldo. Incluso alguna vez descartamos un fichaje para no complicarnos la vida con la familia de un jugador. Hay tanto descontrol que algunos, con veinte años, ya han cambiado cuatro veces de agente.

¿El sistema es incontrolable?
Es muy complicado, porque cuando un jugador tiene talento, los agentes les regalan un coche y los clubes un puesto de trabajo para el padre. Y todo sin tener la certeza de que el jugador acabará siendo profesional.

¿Quién es el “descubrimiento” del que se siente más orgulloso?
Tuve la suerte de fichar a Franck Ribéry cuando estábamos en National (la segunda división B francesa). Estaba en el Boulogne, que acababa de bajar a Tercera División francesa. Franck es un chico muy entrañable. Tuvimos problemas económicos y no pudimos retenerle. Es muy agradable ver a jugadores triunfar, pero también es una satisfacción ver jugar al alto nivel a jugadores que no firmamos y sólo aconsejamos.

¿Hay reconocimiento para el trabajo del ojeador o sólo se resaltan los errores?
Cuando se trabaja en una estructura, hay mucha gente implicada, por lo que suele ser más una mala evolución del jugador que una mala apreciación. Más que valorar el nivel de un futbolista, se trata de proyectarse en su adaptación a un país, un idioma y una liga. Carlos Tevez no habla inglés, es increíble… Tiene la suerte de ser un jugador top, pero para otros eso se repercute en el rendimiento. ¡Reyes no hablaba inglés tras tres años en el Arsenal y necesitaba de un acompañante para hacer sus compras en Londres! Su fichaje era arriesgado, porque un andaluz tiene pocas posibilidades de triunfar en un país lluvioso y donde es de noche a las cinco de la tarde.

El Arsenal tuvo más suerte con Cazorla…
Sí, pero Cazorla es asturiano, y allí el clima se parece mucho al de Escocia o del Norte de Inglaterra. Además, tuve la suerte de ojear y conocer a Cazorla. Vive por y para el fútbol, hasta el punto de que podría jugar en la luna!

¿Le gustaría trabajar para un equipo español?
Me encanta la Premier League pero trabajar en España sería un bonito desafío. La crisis económica del país y el endeudamiento de los equipos pueden suponer una manera interesante de trabajar, buscando futbolistas libres o por cifras de fichaje poco elevadas. Además, eso obliga a los clubes a apostar más por los futbolistas de la cantera o formados en el país.

Hablando de España, usted ayudó a Javier Clemente durante su corta etapa en el Olympique de Marsella. ¿Cómo es Clemente?
Yo era su traductor. Pese a su breve y complicada etapa en el Marsella, era una persona muy apreciada. Recientemente me encontré con Christophe Galtier, que fue su ayudante en el Olympique, y enseguida me preguntó por él. Clemente es un entrenador que defiende a ultranza a sus jugadores, nadie puede criticarles salvo él. Es una persona muy entrañable.

¿Podrá la Roja mantener su nivel con el paso de los años?
Perfectamente. Es cierto que jugadores como Xavi o Puyol ya tienen edades avanzadas y que es difícil encontrar jugadores de un nivel tan alto, pero Busquets o Iniesta son todavía jóvenes. La nueva generación es muy interesante y viene pisando fuerte. Isco ya entra en las convocatorias y, por ejemplo, Thiago Alcantara será muy pronto otro fijo en las listas.

¿Puede Francia crear la sorpresa en el Mundial?
Mientras no se resuelva de manera contundente el problema educativo, exisitirán puntos débiles. Todos los equipos tienen sus problemas, pero un jugador no puede menospreciar o insultar a su entrenador. En España, Vicente Del Bosque es respetado por todos los jugadores, incluso los que no van convocados. En 1998, mujeres y niños franceses iban a los estadios. Todo el mundo recuerda la semifinal del Mundial de 1982 como algo memorable pese a la derrota, o la gran gesta de 1986 contra Brasil. Los franceses necesitan reencontrarse con una generación así para vibrar de nuevo. Didier Deschamps parece estar en el buen camino, pero primero habrá que clasificarse.

¿Qué jugadores serán indiscutibles con la selección francesa?
Me encanta Pogba. A su edad, ya jugó en el Manchester y la Juventus, y su margen de progresión es impresionante. Todo el mundo se sorprendió con Varane, pero juega exactamente igual que el las categorías inferiores de la selección francesa. No hay ninguna diferencia entre el joven que jugaba contra Georgia sub17 y el que disputa su primer partido de la temporada frente al Manchester City. Su serenidad recuerda la de Laurent Blanc. Parece que esté jugando en un sillón, nunca le entra el pánico.