Blob: un organismo inteligente, sin cerebro… e inmortal

Neurólogos e investigadores del cáncer ya estudian al physarum polycephalum. Popularmente llamado blob, se trata de un organismo inclasificable dotado de inteligencia sin cerebro: sus peculiaridades le hacen asemejarse tanto a los animales, como a los vegetales y hongos. La científica del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica francés), Audrey Dussutour, que lleva más de 10 años investigándolo, nos desvela sus hallazgos.

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El blob apareció en 1973 como en las películas de ciencia ficción, en un jardín de Dallas. Una mañana, la estadounidense Marie Harris se fija en un organismo parecido a una tortilla francesa de la talla de una galleta. Dos semanas más tarde, su talla se había multiplicado por 20, por lo que Marie decide cortarlo y expandir sus pedazos por su jardín. Una semana más tarde, el organismo se regeneró, doblando de volumen. Entonces decide aplastarlo a golpe de pala, pero vuelve a aparecer a los pocos días cambiando el color de sus entrañas. Tras usar un herbicida, el organismo se desangra con un color rojo-morado… y se regenera. Asustada, llama a los bomberos, que usan agua de alta presión para eliminarlo… pero reaparece todavía más grande, antes de desaparecer.
En su momento, la teoría del extraterrestre causó furor, pero se trata del physarum polycephalum, apodado blob, un organismo inclasificable que suscita el interés de varios científicos, sobre todo de Audrey Dussutour, que nos desvela sus hallazgos e investigaciones actuales.

Una inteligencia sin cerebro
Audrey Dussutour lleva una década estudiando los blobs, centrándose en una variedad de color amarillo, el physarum polycephalum. Algunos parecen esponjas, otros lichens o corales, y existen en muchas variedades de colores. Observándolos de cerca, se aprecian sus venas, en las que circula su “sangre”, llamada fotoplasma, un líquido rico en nutrientes. Se mueven sin órgano específico para el desplazamiento, propulsándose mediante sus venas, cuya sangre cambia de dirección cada dos minutos, gracias a la presión (corriente) creada sobre la membrana.

«las leyes físicas y la vascularización de un tumor son idénticas a las de un blob »

La científica francesa hizo unos primeros experimentos con flanes, variando la cantidad de azúcares y proteínas. Ahí constató que los blobs, ante flanes bajos en protéinas y azúcares, se estiran para cubrirlo completamente y maximizar así la ingestión de comida. A la inversa, cuando el flan es muy calórico, los blobs mantienen una talla más pequeña para evitar una indigestión.
Audrey Dussutour averiguó posteriormente que el blob detecta la comida y adora el azúcar, las proteínas, algunos lípidos, la avena o el huevo. Por el contrario, huye de la sal, los ácidos, la quinina o la cafeína. Al desplazarse, libera un mucus, que le permite no explorar dos veces la misma zona, algo similar a lo que ocurre con los caracoles.

Tras un estudio sobre miles de blobs procedentes de Estados Unidos, Japón y Australia, se demostró que éstos realizan un aprendizaje a nivel celular, y que incluso transmiten esa información cuando fusionan con otro blob. Pese a las dudas de algunos neurólogos, la mayoría acepta la existencia de esta inteligencia sin cerebro: “nos han preguntado si el blob también desarrolla adicciones. Es un aspecto muy interesante sobre el que no hemos podido trabajar todavía”, apunta Audrey Dussutour. De hecho, el proyecto europeo PhyChip ha conectado un blob a un ordenador para estudiar sus tomas de decisiones. A día de hoy, solo se consigue controlar un robot a distancia que toma decisiones muy sencillas como evitar la luz.

«El blob envejece, se seca y rejuvenece»

Preguntada sobre si la red venosa de los blobs puede ayudar a la investigación sobre el cáncer, la investigadora francesa afirmativa rotundamente: «Un equipo alemán ha observado que las leyes físicas de un tumor y de la vascularización de un blob son idénticas. El blob aumenta de tamaño creando un sistema venoso muy complejo y flexible, con venas que desaparecen y otras que reaparecen. Un tumor también crece construyendo su propia red, cortocircuitando nuestra vascularización para hacer la suya. Y resulta que es mucho más fácil estudiar un blob que un tumor para saber como cortocircuitarlo y ahogarlo».

Audrey Dussutour, en unos de sus experimentos con blobs y flanes.

Capaz de hibernar… y rejuvenecer
Por si fuera poco, Audrey Dussutour resalta la importancia del blob para nuestros ecosistemas: «El blob es un enorme reciclador. Se nutre de bacterias y hongos, los digiere y expulsa elementos simples como el azote o el carbono, que posteriormente son absorbidos por las plantas».
Otra caractéristica del blob es su capacidad para hibernar cuando se encuentra con condiciones muy adversas. El organismo se seca, para posteriormente volver a su estado inicial. Un dato que resalta la científica del CNRS: «Nadie ha estudiado el blob en el aspecto molecular. Estamos ante un organismo que envejece, que se seca y rejuvenece! Pero no tengo ni las aptitudes en biología molecular ni el presupuesto para estudiar ese aspecto».

Sin duda, estamos ante un mal de la investigación científica: obtener presupuesto para estudios ante la incertidumbre de encontrar una aplicación práctica. Sin embargo, Audrey Dussutour tiene clara la respuesta a los que piensan que estudiar el blob no sirve de nada: «Cuando Eric Kandel empezó a estudiar las babosas de mar, mucha gente cuestionó la utilidad de su investigación. Sin embargo, eso le permitió dilucidar el mecanismo de transducción de señales del sistema nervioso y ganar así el Premio Nobel en el año 2000».

Cosas que debes saber sobre el blob:

 

  • El blob nace de la fusión de dos células sexuadas. Existen más de 720 sexos.
  • A diferencia de un hongo, el blob no se alimenta por aborbción, sino por ingestión.
  • Al cabo de unas semanas, cuando ya adquiere un gran tamaño, el blob abandona la oscuridad y busca la luz.
  • Se adapta a cualquier ambiente: desiertos, acuarios y hasta bajo la nieve. Se puede encontrar en cualquier superficie: frutas podridas, insectos muertos, setas… incluso un investigador encontró uno sonre un lagarto vivo.
  • Toshiyaki Nakagaki fue el primero en investigar sobre la inteligencia del blob, en los años 60: demostró que el blob encontraba el camino más corto de un laberinto colocando alimentación en la salida.
  • Se estima que el primer blob apareció hace más de 500 millones de años, antes que las hormigas o el homo sapiens.
  • Un blob de 1,3 km2 fue hallado en Estados Unidos (Apalaches). Dividido en varios trozos, su superficie total equivalía a 138 campos de fútbol.
  • Inicialmente clasificado como hongo en 1833 por el botánico alemán Heinrich Link, se le define actualmente como un organismo protista, es decir un organismo unicelular que no entra en la categoría de los animales, de las plantas ni de los hongos.