El chiringuito de Marcelino en el Valencia

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El fulminante cese de Marcelino es tan erróneo por el momento y las formas, como lógico e inevitable. Y no es consecuencia de sus recientes ruedas de prensa, ni de haber desoído la supuesta orden de “tirar la Copa”.

El despido de Marcelino es lo más parecido a una bomba de relojería. Y es que, al igual que ocurrió en el Villarreal, donde aquel partido frente al Sporting no fue el principal motivo de su despido fulminante, sus dardos a Peter Lim en sus últimas ruedas de prensa no son la causa sino la consecuencia de una muerte anunciada.

Fichajes dudosos y salidas cuestionables
Todo empieza el verano de 2017 con importantes diferencias entre el entonces nuevo técnico del Valencia y la secretaría técnica. Los franceses Lemina y Aréola, apuestas firmes de Alexanco y Vicente Rodríguez, fueron el primer gran desencuentro entre Marcelino y la cúpula deportiva valencianista. Los dos fichajes apalabrados (en el caso del portero francés una cesión con opción de compra de 12 millones) fueron abortados por Mateu Alemany a petición de Marcelino y provocaron el enfado de Alexanco, que unos días más tarde pactaría su salida del club. Desde ese momento, fuentes del club aseguraron que Eugenio Botas, agente de Marcelino, intermedió en el fichaje de Neto, petición expresa del técnico asturiano.
La secretaría técnica, con Vicente Rodríguez, Miguel Ángel Angulo o Antonio Salamanca como cabezas visibles, vio truncada otras dos apuestas: las cesiones de los madridistas Marcos Llorente y Jesús Vallejo. Frente a esas opciones, Marcelino puso sobre la mesa los nombres de Carriço, Paulista y Kondogbia, siendo finalmente los dos últimos los elegidos.

Un entrenador omnipotente
Reforzado por un gran inicio de Liga, Marcelino logró otras imposiciones que multiplicaron las grietas con la secretaría técnica: La primera fue la llegada de Luciano Vietto. Pese a su nula aportación, el argentino acabó defenestrando a un Zaza hasta entonces determinante. El italiano fue empujado hacia la salida ante la decepción de la afición. Posteriomente, el entrenador asturiano fue introduciendo más cambios en el organigrama: un nuevo médico para el club, afincado en Gijón, ciudad a la que acuden desde entonces los jugadores del Valencia tanto para revisiones médicas como otros tratamientos, así como la llegada de Pablo Longoria —ex empleado e íntimo amigo de su agente Eugenio Botas— al tiempo que iban saliendo poco a poco todos los miembros de la secretaría técnica inicial. Su intervención en el organigrama indignaba a muchos miembros del club desde el principio, siendo la inclusión del hijo de Marcelino la nota más discordante, ya que supuso el despido de un trabajador al que el técnico asturiano quiso fichar cuando entrenaba al Villarreal…

De cuestionado a incuestionable
Pese a una segunda vuelta con muy malos números, el Valencia acabó en puestos Champions, disimulando las zonas oscuras de la gestión de Marcelino. Sin embargo, el flojo inicio de Liga de la siguiente temporada y una participación en Champions tan breve como decepcionante pusieron en entredicho varias decisiones técnicas del entrenador, así como su influencia en otros ámbitos de la entidad.
Al borde de la destitución durante el pasado invierno, Marcelino sale finalmente reforzado tras eliminar al Getafe de la Copa con dos goles en el descuento y entrar en puestos Champions sobre la bocina, adelantando precisamente al Getafe en las últimas jornadas. Pese a un decepcionante papel en Europa League, al borde de la eliminación frente al Krasnodar y responsable de la ausencia de Coquelin en la ida frente al Arsenal, donde alineó a siete defensas, su victoria en la final de la Copa del Rey frente al Barça le hizo sentirse muy reforzado.

Cuando la confianza mata
Quizás excesivamente confiado por el subidón de la nota final de temporada, Marcelino siguió tensando una cuerda que acabaría rompiéndose. Respaldado por Mateu Alemany en un verano marcado por llegadas sorprendentes como las de Jason o Salva Ruiz, insistió hasta el último día de mercado con el fichaje de Rafinha, en el que de nuevo aparecía como intermediario Eugenio Botas, sospechoso de aparecer en la mayoría de operaciones solicitadas por Marcelino. Las tres operaciones de rodilla del mediapunta brasileño desde 2015 (que acaba de lesionarse con el Celta) y la consiguiente insistencia en ceder a jóvenes talentos como Ferran Torres, campeón de Europa sub 19 con España, o Kang In, elegido mejor jugador del Mundial sub 20, metieron más leña al fuego entre Meriton y el entrenador. Un fuego que ya tenía mucha fuerza tras la salida de Toni Lato al PSV (inicialmente un traspaso que se mutó en cesión), sustituido por Jaume Costa, un descarte del Villarreal. Todo ello sin olvidar la imposición de otra cara amiga en el organigrama, esta vez como ayudante del entrenador del equipo filial: Javi Venta, actualmente procesado por el supuesto amaño del partido Levante-Zaragoza del 2011. Y como la confianza mata, Marcelino también se sintió tan intocable para oponerse a propuestas del agente y amigo del dueño del Valencia, Jorge Mendes: traspasar a Diakhaby para traer a Otamendi, o fichar a Fekir y Rafael Leao para paliar la marcha de Rodrigo.
El final de la historia es tan reciente como conocida por todos. Falta por determinar el papel real de Mateo Alemany en todo este chiringuito. La propiedad parece convencida de su complicidad, de ahí que esté sentenciado desde finales de agosto. Falta por ver cuándo y cómo se formaliza su salida… y qué pasará con Longoria.