DONATO: “Si un entrenador sienta a Neymar lo destituyen, cuando a lo mejor necesita una dosis de humildad”

388

Donato

Su longevidad futbolística le permitió ganarse el apodo de El abuelo y convertirse en un clásico del fútbol español. Cuatro Copas del Rey, una Liga y doce internacionalidades forman parte del bagaje deportivo de Donato Gama da Silva. Para nuestro encuentro, eligió una cafetería de la Playa de Santa Cristina. Un lugar tranquilo para recordar gestas, anécdotas y compartir opiniones con un exjugador que dejó su sello inconfundible en la Liga española.

¿Cómo recuerdas tu inesperado fichaje por el Atlético de Madrid?
Estaban interesados en mi compañero Paulo Roberto, que jugaba de lateral derecho. Yo era central en el Vasco de Gama, pero debido a una lesión jugué el trofeo Ramón de Carranza en el centro del campo y contra el Cádiz me salió un gran partido. En la final, que le ganamos 2-0 al Atlético, también fui de los más destacados. Jesús Gil le preguntó a gente como Futre o Baltazar si me fichaba a mí o a Paulo y se decantaron por mí. El fichaje fue curioso, ya que estando en el aeropuerto recibí una llamada de nuestro vicepresidente diciéndome que me quedaba en Madrid. Por cierto, recuerdo de la final algo que yo no he visto nunca más en un campo de fútbol. Al disputar un balón dividido con Juan Carlos, él metió la plancha y yo el pie muy fuerte: el balón salió hacia arriba y cuando llegó al suelo vimos que había explotado.

¿Qué nos puedes contar de una persona tan peculiar como Jesús Gil?
Le agradecí mucho que me diera la oportunidad de recalar en el fútbol español. Cuando llegué, Gil quería mucho a mi familia. Lo que sucedió después es que fichó Clemente, que no contaba mucho conmigo, y en un momento determinado la actitud de Gil hacia mí cambió totalmente. Lo notaba raro. Siempre le dije que si yo era un problema me marchaba a otro club. En la parte final de mi estancia con los colchoneros no estaba contento y rechacé una oferta para quedarme dos años más.

Brasil te convocó para unos amistosos pero no pudiste acudir porque tenías un partido importante con el Atlético. Finalmente fuiste internacional con España: ¿Te esperabas ese desenlace?
Brasil me había llamado para jugar tres partidos y Gil les dijo que solo podrían contar en dos conmigo porque jugábamos un encuentro de Copa en el que no querían prescindir de mis servicios. A los Brasileños no les interesó y no se concretó mi debut con la canarinha. Cuando me nacionalicé español siempre tuve en la cabeza la idea de llegar a internacional y mis ilusiones estaban puestas en el Mundial de 1994, pero Clemente no me llamó. Ahí perdí la esperanza y después cuando me convocó creí que era una broma. Quiero resaltar que fui recibido de maravilla por mis compañeros, que fueron muy cariñosos conmigo. Aún recuerdo a Bakero llamándome maestro. Respecto a la selección, llegué a llamar a Luis Aragonés, el único preparador con el que mantengo contacto, para que pusiera a Senna de titular, ya que creo que se complementaba bien con Xavi o Xavi Alonso, que son excelentes con el balón en los pies, pero que no tienen la misma capacidad a la hora de recuperar el esférico.

¿Es cierto que Thiago te pidió consejo para elegir entre las selecciones de Brasil y España?
Mazinho es un gran amigo y él siempre estuvo preocupado en que los técnicos brasileños vinieran a ver a sus hijos para tenerlos en cuenta de cara al futuro, pero no manifestaron ningún interés hasta ahora. Cuando hablaron conmigo les dije que Thiago realmente había destacado con la selección española, no en el Barça, y que esa debía ser su elección.

Con 31 años, dejaste el Atlético para fichar por cuatro temporadas por el Deportivo. ¿Te generó dudas dar ese paso?
Apostaron por mí y quedé contento con el fichaje, aunque debo reconocer que me entró la duda de saber cómo iba a responder el Depor a nivel competitivo. Mi gran ilusión era ganar una Liga, puesto que ya había conseguido dos Copas del Rey con el Atlético. Sé que algunos criticaron el que me hicieran un contrato tan largo y después me tuvieron que aguantar hasta los cuarenta.  Había un grupo de jugadores que era como una familia. Sabíamos lo que queríamos e íbamos recorriendo nuestro camino sin hacer ruido, pero conscientes de ir quemando etapas para llegar al objetivo. Todos teníamos claro que la figura era Bebeto y respetábamos su estatus sin problemas de ego.

Algunos me decían que parecía que no corría en los partidos, y eso sucede por estar bien situado

Es inevitable hablar de aquel penalti de Djukic: ¿Qué sensaciones tuviste cuando se os escapó aquella Liga?
Sobre todo una sensación de impotencia. Quedaban once minutos cuando me mandaron al banquillo y me marché muy enfadado. Casi al momento hubo una falta al borde del área que Bebeto estrelló en la barrera. Creo que es importante que algunos jugadores permanezcan en el partido hasta el final, por si surge una falta o un penalti. Carecimos de la mentalización necesaria para afrontar ese encuentro, ya que las noticias de que el Sevilla se adelantaba en Barcelona nos perjudicaron. Yo estaba muy nervioso e intentaba centrar en el partido a alguno de mis compañeros, ya que dependíamos de nosotros mismos. El Barça reaccionó y nosotros no éramos capaces de marcar. Entonces llega el penalti. Durante la semana habíamos estado ensayando Fran, Djukic y yo las penas máximas. Bebeto había fallado dos y no tenía la confianza para lanzar. El portero González había parado uno la semana anterior y estudié su técnica: amagaba a su izquierda y se lanzaba a la derecha. Me metí en la cabeza que, de tener la ocasión de ejecutarlo, debía tirarlo a la izquierda. No podía entrar en el campo para avisar a Djukic, que decidió lanzarlo a la derecha del portero.

Pero el fútbol os dio otra oportunidad y ganasteis una Liga. Tu gol encarriló la victoria y recuerda tu dedicatoria a tu excompañero Orejuela…
Habíamos ensayado ese lanzamiento de córner y salió perfecto.
Marcar ese gol fue como un regalo. Cuando me mentalizaba para el partido sentía algo raro y me venía a la cabeza la imagen de Orejuela, que estaba grave en un hospital, y decidí poner la camiseta por debajo por si marcaba, para enseñarla en público y darle todo mi apoyo.

Con Irureta en el banquillo coruñés tu presencia en las alineaciones era discontinua. ¿Cómo fue tu relación con el técnico vasco?
Fue como un pulso constante. Siempre estaba preocupado con mi edad. Yo llegué a decirle si lo que miraba era el rendimiento en el campo o el carnet. Cada vez que salía de la alineación parecía que la excusa era la edad. Si jugaba 45 minutos ya tenía que descansar. Yo siempre tuve la mentalidad de que si me quitaban del equipo debía trabajar más, si cabe, para poder entrar nuevamente el el once inicial. Me quedé a cuatro partidos de conseguir la renovación automática para otra campaña y me da la sensación que no querían que cumpliese ese número de encuentros. Me queda la tristeza por cómo salí del Deportivo.

¿Qué parte de culpa tienen el presidente Lendoiro en el descenso a segunda?
Creo que siempre se debe asumir la responsabilidad, tanto cuando las cosas van bien como cuando van mal. Parece que el presidente no tenga nada que ver en el descenso, pero el proyecto lo hizo él, igual que diseñó los anteriores. Si tenía dinero hacía equipos de garantías, pero el Deportivo llevaba cinco años jugando con fuego. Antes apostaba por jugadores más hechos, que ayudaban a los jóvenes. Si Rubén Pérez tuviera a su lado a un Mauro Silva sería un jugadorazo.

Negociabas directamente tus contratos con los dirigentes. ¿Quién era más duro negociando: Gíl o Lendoido?
Los dos. La diferencia estriba en que Lendoiro es más frío y no reconoce sus errores. A pesar de nuestros desencuentros, Gil era más sincero en sus abrazos y supo disculparse conmigo.

¿Tu excelente colocación y tu lectura del juego son los motivos por los que pudiste jugar tantos años?
Sin duda. Muchos jugadores no saben leer el partido. Es fundamental saber posicionarse. Algunos me decían que parecía que no corría en los partidos y eso sucede por estar bien situado. También lo estaba en los rechaces de los saques de esquina y eso me permitió hacer goles con remates desde fuera del área.  En el campo era muy pesado con mis compañeros y no dejaba de hablar con ellos para indicarles cosas, como con los laterales para evitar que se quedasen atrás cuando tirábamos el fuera de juego. Con el que me entendí de maravilla fue con Naybet, sabíamos perfectamente lo que íbamos a hacer en todo momento. El fútbol no es para mudos y menos en línea defensiva. Algo fundamental es anticiparte a lo que el rival pretende realizar.

¿A qué excompañeros destacarías?
Entre los que estaban un peldaño por encima de los demás tengo que citar a Schuster, Bebeto, Futre, Mauro Silva, Rivaldo y Fernando Hierro, con el que coincidí en la selección.

Al deportivo le fue bien con los brasileños. ¿Por qué crees que se han olvidado de ese mercado?
No lo entiendo, sobre todo después del gran resultado que han dado, aunque el último, Juca, no haya triunfado. Yo intenté traer a algunos y no lo conseguí. Ahora voy a llevar a dos promesas al Atlético de Madrid. La directiva coruñesa se escuda en que no hay dinero.

Brasil tiene la responsabilidad de ganar su mundial en casa. ¿Cómo ves a la canarinha?
En una situación delicada. Aún tiene tiempo para montar un grupo fuerte de cara al Mundial. Están dependiendo demasiado de individualidades, como Robinho o Kaká, y ahora algunos quieren incorporar a Ronaldinho. A los jugadores jóvenes no les da tiempo a formarse y ya ocupan lugares estelares. Si un seleccionador sienta en banquillo a Neymar lo destituyen, cuando a lo mejor ese jugador necesita una dosis de humildad y ser suplente en algún momento. Algunos fichan demasiado jóvenes por equipos extranjeros y eso les perjudica.

Tuviste una experiencia muy breve como técnico en el Aris Salónica con Mazinho. ¿Qué se encontraron allí?
Pues cuando llegamos allí, al final de la campaña 2008-09, hallamos un grupo de jugadores muy desmotivados. Debimos hacer un trabajo psicológico importante. La oferta le llega a Mazinho porque había sido asesor del club y me dijo que sólo aceptaba si iba con él. Antes de llegar nosotros, los hinchas habían invadido el hotel donde estaban los jugadores y les habían amenazado a ellos y a sus familias. Imagínese el ambiente que había. Entrenábamos en un patatal en el que no se podía dar cuatro toques seguidos. A los dos meses la cosa era muy diferente. Logramos el sexto lugar y firmamos para la temporada siguiente con el objetivo de quedar entre los cinco primeros y así alcanzar una plaza europea. Prescindieron de trece jugadores de la anterior plantilla y debimos comenzar casi de cero. Nos echaron a la décima jornada, cuando ocupábamos la tercera posición en la tabla.

Es conocida tu religiosidad y tu pertenencia a la Congregación Atletas de Cristo. ¿Puedes explicarnos brevemente tu credo?
Soy cristiano evangélico y creo en la Biblia de cabo a rabo. Aunque no la leo todos los días, lo que estaría bien, saco tiempo para intentar buscar a Dios. La gente solo se acuerda de él cuando tiene problemas o enfermedades. Tenía 22 años cuando acepté a Cristo como mi salvador y es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Necesito ese alimento espiritual. La Biblia es simple, somos nosotros los que complicamos las cosas y te aseguro que sus enseñanzas van más allá de no matar o no robar.

Texto: Óscar Losada
Fotografía: Xaume Olleros