El 13: ¿Suerte o maldición?

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Quizá porque fueron trece los asistentes a la Última Cena y al día siguiente murió Jesús; quizá porque Satán esté considerado como el decimotercer ángel; puede que tenga que ver que la maldición lanzada por Jacques de Molay, último maestre de los Templarios, a Felipe IV de Francia y al Papa Clemente V fuera recitada un viernes 13 y se cumpliera a rajatabla. Fuera por lo que fuera, en esta sociedad en la que vivimos, y en el mundillo del fútbol en particular, se ha instalado una triscaidecafobia galopante de la que sólo algunos valientes se libran.. o no.

Michael Ballack es el futbolista que con mayor entusiasmo ha desafiado la superstición. De hecho si le preguntas a cualquier aficionado al fútbol por algún jugador con el que identifique el dorsal 13, Ballack siempre es el primero de la lista. No en vano hay muy pocos en la historia de este deporte que siendo la principal figura del equipo han obviado dorsales como el 10, el 7, el 5 o el 11 y se han decidido por el de la mala suerte.

Ballack apostó por llevar ese número como un modo de afianzar su personalidad. El Leverkusen pagó por él 4 millones de euros al Kaiserslautern en 1999 y de inmediato eligió el 13. Cuando le preguntaron, él dijo que no era supersticioso. Y además quería ver si era capaz de llevar encima el peso de esa camiseta, un número que durante muchos años lució un gran delantero como Rudi Voeller.

Pero, quizá como era de esperar, a Ballack no le fue muy bien con ese número en la elástica. O sí, depende de cómo se mire. El alemán ganó con el dorsal del mal fario cuatro Bundesligas, tres copas de Alemania, tres copas inglesas y una Premier League, lo que no está nada mal. Entonces, ¿por qué la sensación de que ha tenido mala suerte con ese dorsal forma parte de nuestro imaginario futbolístico? El origen de esto hay que buscarlo en el año 2002, temporada en la que Michael era la estrella de un Bayer Leverkusen que enamoraba a Europa. Aquel equipo llegó a final de campaña a punto de ganar la Bundesliga y clasificado para las finales de Champions y de Copa. A falta de tres partidos le sacaba nueve puntos al Dortmund. Y fue entonces cuando el número 13 de su estrella se puso manos a la obra. El equipo Ballack perdió dos de los tres últimos partidos de una liga que acabó ganando el Borussia por un punto; en la final de Champions perdieron contra el Real Madrid a causa de un golazo de Zidane y de paradas imposibles del portero suplente, un joven Iker Casillas; y en la copa fueron arrollados por el Schalke 04 en la final.

13Ballack

Pero aún hubo más. La leyenda del 13 de Ballack se agrandó ese mismo verano de 2002 cuando Alemania perdió la final del Mundial de Corea y Japón contra Brasil. La prensa del país empezó a apodarle “El segundón”. Demasiadas finales perdidas en tan poco tiempo. Y eso que aún estaría por llegar la final de Viena en la Euro de 2008 contra España. Suficiente para olvidar todos los títulos que sí consiguió luciendo ese dorsal. Igual por eso iba tan rápido por las carreteras extremeñas hace un año, donde le multó la Guardia Civil por exceso de velocidad. Huía despavorido del sambenito de la triscaidecafobia.

A Ballack tampoco hay que culparle por elegir el guarismo del mal agüero porque antes que él ya lo habían lucido otros grandes jugadores de su país. El mismo Rudi Voeller lo llevó con orgullo, aunque es cierto que hay gato encerrado: en Italia 90, el campeonato que ganó, Voeller vestía el 9, mientras que en USA 94, ya con el 13, Alemania no pasó de cuartos de final.

Zagallo: “Empecé a usar el 13 porque mi mujer era devota de San Antonio, cuya onomástica se celebra el 13 de julio”

Otro gran futbolista teutón que desafió a la tradición y al que parece que, al contrario que el resto, sí le fue bien haciéndolo fue el Torpedo Gerd Müller. Con ese número fue máximo goleador del mundial del 70, campeón y jugador clave en el 74 y máximo goleador de la historia del campeonato del mundo con 14 goles hasta que Ronaldo le quitó el record hace bien poquito.

Ahora esa casaca en Alemania la lleva otro Müller, Thomas, que no ha dudado a la hora de afrontar esa responsabilidad para hacerle un homenaje a su tocayo de apellido. Y de momento ya ha sido el máximo goleador del pasado mundial de Sudáfrica con ella.

Ningún jugador se tuvo que preocupar de verse obligado a llevar el número 13 hasta 1953, año en que se introdujeron las sustituciones en el juego. Y eso en partidos de selecciones, porque las grandes ligas de clubes no adoptaron la norma hasta bien entrados los años sesenta. En esa época el primer sustituto solía tener asignado el número 12, y el segundo el 14 ya que el reglamento les eximía de la obligación de portar el de la mala suerte. Había (como también hay hoy) mucho supersticioso que se espantaba ante el 12 más 1.

Esto ha derivado en ciertas costumbres que varían según el país. Así, por ejemplo, en Inglaterra el 13 lo suele llevar el portero suplente, mientras que en España lleva el 12 y en Francia el 16 (Barthez ganó el campeonato mundial de Francia 98 con ese número, el 1 lo llevó Bernard Lama).

Grandes jugadores han destacado llevando la cifra maldita sin que sufran ataques de gaferío impune. Alessandro Nesta quizá sea uno de los ejemplos más claros, jugador que durante toda su carrera no tuvo miedo de lucirlo y que llegó a campeón del mundo en 2006. Otros como Juan Mata no vacilan en solicitarlo en cada convocatoria con la selección a pesar de que en sus clubes no lo suelen elegir, también ganador de un mundial con él a la espalda.

Sin embargo son aún muchos los futbolistas que reniegan del trece, que dicen que sólo un loco llevaría ese número en la espalda. Y es posible que por eso mismo otro destacado portador suyo sea el Loco Abreu, el delantero uruguayo conocido por sus excentricidades. Hasta tal punto llega su obsesión que se hizo escribir en sus botas la leyenda “Loco-13”. “En todos los clubes que jugué siempre lo pedí”, dice el Loco.

13Zagallo

En 2010, cuando Abreu fichó por Botafogo, fue un mítico ex jugador de la entidad, Mario “el Lobo” Zagallo, quien le entregó su nueva zamarra con su dorsal fetiche. Zagallo, histórico de ese club y tetracampeón mundial con Brasil (como jugador en 1958 y 1962, como técnico en 1970 y como ayudante en 1994) era también un enamorado del trece.

Zagallo decía que el primer Mundial que ganó Brasil fue en el año 58 (5+8=13) y el último en el 94 (9+4=13), y que la frase “Brasil campeão” se compone de 13 letras

“Tengo simpatía por el trece y fui un ganador, no tiene nada que ver”, cuenta Zagallo. “Es por mi mujer. Empecé a usar el trece en mi camiseta porque ella era devota de San Antonio, cuya onomástica se celebra el 13 de julio”. Su pasión por esa cifra era tal que justificaba los mundiales de Brasil con ella. Decía que el primero que ganó fue en el año 58 (5+8=13) y el último en el 94 (9+4=13), y que la frase “Brasil campeão” se compone de 13 letras. No obstante es justo decir que este mítico futbolista no ganó ninguno de sus dos campeonatos del mundo como jugador con el 13, puesto que en Suecia llevó el 7 (el 13 fue para Moacir, un centrocampista) y en Chile el 21 (ese año el de la mala suerte recayó en el defensa Bellini). Nunca se sabe si el palmarés de Zagallo hubiera sido el mismo de haberse enfundado la casaca 13.

La superstición en el fútbol es algo habitual y no sólo existe la triscaidecafobia. El técnico Quique Sánchez Flores obligaba a colocar bolsas de sal detrás de las porterías. O Raymond Domenech, ex seleccionador francés, que intentaba por todos los medios no convocar a futbolistas que perteneciesen al signo zodiacal escorpio. “El seleccionador francés cree que los escorpio no son buenos para la selección. Dice que no son buenas personas y no pueden convivir con los demás, pero creo que conmigo se ha equivocado mucho”, aseguró enfadado Robert Pires después de dejarle fuera de la lista para el mundial de 2010. Pires, cómo no, es escorpio.

El número que en la baraja del tarot está representado por la Muerte seguirá dando qué hablar en el fútbol. Algunos valientes como Ballack, los Müller, Abreu, Mata o Zagallo seguirán desafiando las convenciones para convencernos de que todo es una creencia injustificada, algo no tangible. Leyendas urbanas alimentadas por la envidia de sus muchos competidores. El 13 en el fútbol no significa mala suerte. O sí.

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Texto: Chema Mancha (twitter: @Chema Mancha)