El (no) poder del dinero

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El dinero no garantiza el éxito. Eso dijo Jordi Roura antes de enfrentarse al PSG en la pasada edición de la Champions. Los directivos del Barça y del Real Madrid parecen incluso dispuestos a demostrarlo: han fichado a los futbolistas que más venden sin preguntarse si se desprendían de los que más rinden. La respuesta vendrá en gran parte de David Villa, Özil, Higuaín o Thiago.

Parece que el baile de cifras ha mareado a los protagonistas hasta caer en auténticas incoherencias. El Barça invirtió más de 50 millones en el mediático Neymar este verano, pero sigue cojeando en defensa con la ausencia de Carles Puyol, su mítico capitán de 35 años. Eso sí, para brillar en marketing, el club blaugrana se atrevió a desprenderse de Thiago Alcántara, futuro indiscutible de la Selección. El Real Madrid, por su parte, no se quedó atrás: dio puerta a Mesut Özil, mejor pasador de la Liga, y a Gonzalo Higuain, para premiarle por callarse en el banquillo y hablar sólo cuando saltaba al campo. La principal razón es el fichaje de Gareth Bale, que por ahora recuerda más a Robert Prosinecki que a Gento.

En medio de tanto despilfarro, aparece el Atlético de Madrid, capaz de ganarle al Madrid en su estadio y superarlo en la tabla con un presupuesto cuatro veces inferior. Vendió a su estrella Falcao y no fichó no se gastó 160 millones entre Bale, Illarramendi e Isco. Eso sí, acertó de pleno reforzándose con David Villa, el máximo goleador de la historia de la Roja, por 5 millones. Sorprende que su Valencia no hiciera el esfuerzo por contratarle para sustituir a Soldado. Los directivos del equipo Ché se escudan en los cerca de 6 millones de ficha del Guaje, cuando suman la mitad de esa cantidad entre Piatti, Barragán o Victor Ruiz, que no suelen ir ni convocados. Al fin y al cabo, siempre hay excusas para los errores en fichajes: unos dicen que no pueden competir en el mercado con los directores deportivos con más cartera, y éstos últimos que el marketing se impone al criterio meramente deportivo. El caso es tener poca autoexigencia y no saber adaptarse a los recursos disponibles.

Texto: Román Bellver (twitter: @Romanbellver)