PSICOLOGÍA: El rendimiento es un estado de ánimo

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Si se le pregunta a un futbolista, dirá abiertamente que no es lo mismo jugar con confianza que sin ella. Con confianza hay energía, dinamismo, alegría, decisión, atrevimiento, ideas claras, iniciativas en el juego, seguridad, poca fatiga… En cambio, sin confianza las sensaciones son muy diferentes: nerviosismo, inseguridad, dudas, tensión muscular, temor a fallar, lentitud en las tomas de decisión, torpeza en las acciones… El rendimiento es radicalmente distinto con confianza o sin ella.

A veces, nuestro trabajo previo y nuestro talento se han visto bloqueados por la inseguridad, mientras que en otras la ilusión y la confianza nos ha hecho estar especialmente eficaces o productivos. El estado de ánimo es decisivo en nuestro rendimiento como factor facilitador o limitante, hasta el punto de que muchas veces éste se ve zarandeado por nuestros propios estados emocionales.

El estado de ánimo es decisivo en nuestro rendimiento como factor facilitador o limitante

Hay futbolistas de una enorme calidad técnica y de gran talento que suelen encontrar dificultades para acercarse a su rendimiento óptimo. Al igual que ocurre en el plano individual con el futbolista, se puede decir lo mismo a nivel colectivo, refiriéndose al equipo. Hay equipos que difícilmente alcanzan su rendimiento óptimo, acorde al potencial de su plantilla, debido al ánimo colectivo.

¿Cómo se puede explicar que un equipo pueda obtener varias victorias seguidas para a continuación sufrir varias derrotas? Los entrenadores y los futbolistas hablan de una dinámica ganadora y de una dinámica negativa. No es así, no es casualidad. La explicación hay que buscarla en la factura emocional que tienen las victorias y las derrotas. Ganar incrementa la probabilidad de volver a ganar, la victoria trae más victorias gracias a su efecto positivo sobre la autoconfianza, la motivación y el equilibrio emocional. En cambio una y otra derrota inhibe el talento debido a la ansiedad y el estrés que generan.

La psicología explica perfectamente cómo los estados emocionales favorecen o inhiben el rendimiento individual y colectivo desde la Teoría del Flow (Csikszentmihalyi,1985). Rendir de forma óptima está unido a un estado emocional muy concreto, caracterizado por una armonía o equilibrio interior.

Los “cojones”, el orgullo o el amor a la camiseta son argumentos de motivación anacrónicos y equivocados

Al rendimiento óptimo se llega desde emociones positivas, claridad de la tarea, confianza, ilusión, atrevimiento, reto, equilibrio emocional, disfrute… En cambio el rendimiento se aleja desde emociones negativas, activación excesiva, dudas, temor, inseguridad, enfado, ansiedad, exceso de responsabilidad…
El futbolista puede aprender a manejar sus propias emociones de forma que sea más autónomo ante las circunstancias tan cambiantes, a veces tan adversas. Debe prepararse para vivir la competición más exigente desde el máximo esfuerzo pero también desde la confianza y el disfrute. El entrenador es el responsable de crear un clima de rendimiento, que invite a liberar el talento individual y colectivo; se convierte en un alquimista en busca de la pócima emocional del rendimiento.

Apelar a la “furia”, los “cojones”, el orgullo, el amor a la camiseta, la obligación de ganar… son argumentos anacrónicos, equivocados y de escaso convencimiento en la motivación de los futbolistas actuales y denota escasa formación psicológica por parte de quien los utiliza, sea el entrenador o el futbolista.

Es un error que un entrenador caliente un partido cuando sus jugadores ya son “calientes” o competitivos

Que el entrenador caliente un partido cuando sus jugadores que de por sí ya son “calientes” o muy competitivos es otro error. Pepe, Cristiano, o Alves no lo necesitan, más bien al contrario. Conviene apelar a su inteligencia en esos partidos en los que la motivación es altísima. Me quedo con el equilibrio emocional con el que juegan habitualmente Xavi Alonso, Iker Casillas, Benzema, Iniesta, Xavi Hernández, Messi… Son un buen ejemplo de futbolistas muy competitivos que son autónomos a nivel emocional de forma que las circunstancias no parecen afectar a su trabajo sobre el terreno de juego.

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Texto: José Carrascosa, psicólogo del deporte (twitter: @sabercompetir)