JAVIER GUTIÉRREZ: “Muchas veces olvidamos que hemos sido emigrantes y que hemos necesitado que nos acogiesen fuera de nuestras fronteras”

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Javier Gutiérrez

Su prestigiosa trayectoria teatral no le impidió participar en series y películas de éxito como El otro lado de la cama, Los Serrano o Águila Roja. Sin lugar a dudas, Javier Gutiérrez demuestra que reconocimiento profesional, popularidad e implicación social no son términos incompatibles.

¿Practicas deporte?
Era muy deportista de pequeño: jugaba al fútbol, al balonmano y hacía atletismo. Pero cuando empecé a salir de noche sobre los 16-17 años no quería madrugar los fines de semana. Así que dejé los tres deportes de golpe (risas).

¿De qué equipo eres?
Soy socio del Racing de Ferrol, al que sigo para gran disgusto. Ahora está en mitad de la tabla de segunda B y destituyeron hace poco al técnico. Es un equipo que por prestigio, presupuesto y nivel de la ciudad, que podría estar en segunda o primera como Villarreal o Getafe. Recuerdo el Clesa Ferrol que jugó durante muchos años en la máxima categoría del baloncesto, pero en fútbol nunca estuvimos en primera. No hay suerte. Tenemos un presidente que pelea mucho, Silveira, y la ciudad pese a los disgustos, está con el Racing. Lo que pasa es que cuando ves a jugadores que no sudan la camiseta y que tienen desidia, dejas de ilusionarte y de acudir al estadio. Es una lástima para cualquier ciudad: el deporte, igual que la cultura, la educacion o la sanidad, es básico, pese a todos los recortes que hay en cultura y sanidad. Un equipo de fútbol en primera división hace que la ciudad se coloque en otro lugar.

¿Tienes un segundo equipo?
Me gusta el Barça. Recuerdo que le preguntaron a Javier Cámara por qué era del Madrid y contestó que tenía una televisión en blanco y negro y que distinguía mejor a los jugadores de blanco que a los demás. Yo me hice del Barça porque me regalaron de pequeño una camiseta de Charly Rexach. Recuerdo que mi madre se operó de la vista en Barraquer y me trajo de Cataluña un muñequito blaugrana. Por esos pequeños detallitos, acabé siendo del Barça. Ahora estoy muy contento de ser simpatizante del Barça porque juega muy bien al fútbol y la filosofía de club me parece la más acertada.

¿Vas a verles jugar?
Sí, y he disfrutado mucho viendo jugar a Ronaldinho. Recuerdo un Barça-Espanyol espectacular, y mira ahora como está el pobre (risas).

¿Cómo puede ser que algunos jugadores acaben así de mal?
El dinero y también la pérdida de ilusión. Ronaldinho lo tenía todo a favor y no se sabe muy bien por qué se echó a perder así. Es una pena. Además no es lo mismo ver el fútbol por la tele y en el campo. En el estadio notas cuando un jugador disfruta y sabe jugar bien al fútbol.

Sin embargo, el Barça actual no pierde la ilusión…
Eso es por la filosofía de club. Es gente que lleva jugando mucho tiempo juntos, con un estilo de juego muy particular. Eso no ocurre en el Madrid porque cada año hacen muchos fichajes, y juegan en torno a un jugador. Es cierto que el Barça juega en torno a Messi, pero si faltara él, no cambiaría su filosofía de juego. Eso sí, Messi es el jugador más determinante del mundo.

¿Tenías algún ídolo?
Tuve dos: Maradona y Quini. Maradona porque es el único jugador que me hizo llorar viéndole jugar al fútbol. Participo mucho de ese activismo que él tiene. Me gusta que se involucre en todo tipo de cuestiones, aunque a veces meta la pata. Por eso es un deportista al que aprecio especialmente. Otros de diluyen y sólo juegan al fútbol.

Tú también eres bastante implicado. De hecho, cuando te entregaron el premio Max Actor Teatral, lo dedicaste “a todos los seres humanos que cada año mueren en las costas ante la indiferencia del gobierno y la sociedad”. ¿Qué puede hacer la sociedad?
Aportar cada uno su granito de arena. Creo que no hay que hacer demasiadas cosas. Simplemente que cada uno sepa que forma parte de la sociedad y que tiene una responsabilidad. Por mucho que se diga, éste país sigue siendo racista y xenófobo. Muchas veces olvidamos que hemos sido emigrantes y que hemos necesitado que nos acogiesen fuera de nuestras fronteras. Sé de lo que hablo porque mis padres han sido emigrantes, y estoy seguro que lo habrán pasado fatal también. Cuando veo a gente en éste país que no se acuerda de eso y que tiene tan poca educación y respeto hacía la gente que se busca la vida viniendo de otros países, me duele y me hace sentir mal.

Se calcula que hay entre 20.000 y 30.000 jugadores africanos en Europa sin papeles

¿Confías en que esto pueda cambiar?
Ojalá cambiemos, pero me temo que el país, y más con la crisis, tardará en lograrlo. Hemos pasado 40 años de oscurantismo con la dictadura, y eso conlleva el racismo, la xenofobia y el machismo, con todos esos casos de violencia de género. Eso tiene que ver con la educación del país, porque no mueren por violencia de género sexagenarios, sino más bien gente de 20 o 30 años.

Al hilo de esto, te cuento que voy a participar en una película de fútbol que se rodó en parte en Mali: se calcula que hay entre 20 000 y 30 000 jugadores africanos en Europa sin papeles. Son gente que se quedó sin papeles y sin jugar al fútbol. Se habla de ojeadores que van a África para lucrarse buscando al Eto’o de turno, los traen a Europa, les pagan el billete, y cuando no valen los abandonan… Hay ojeadores sin ningún escrúpulo que son capaces de traficar con jugadores africanos, dejándolos a su suerte en cualquier país sin papeles y sin la posibilidad de volver a su país. Incluso muchas veces sus familias venden sus casas y se juegan sus ahorros para que puedan cumplir un sueño que se convierte en una pesadilla.

¿También apoyaste mucho a los indignados, ¿como ves el movimiento 15-M?
Está muy bien que sea un movimiento horizontal en lugar de vertical, que no haya cabezas más visibles. Pero el peligro es que se quede en eso, porque noto que ha perdido fuerza. No sé que pasará en las elecciones, porque estoy seguro que habrá un cambio de gobierno, y vamos a ver cómo acaba todo esto. Lo que sí creo es que tiene que haber un despertar por parte de la gente de izquierdas. Me considero de izquierdas y tiene que pasar algo, por eso no está de más que aparezca la derecha en este país para que nos reactivemos y despertemos. Estamos muy anestesiados y el 15-M es algo que viene muy bien para alertar a la sociedad.

También está pasando con el movimiento estudiantil en Chile, o con la rebeldía en Grecia. Creo que vamos a acabar así. Eso forma parte del mosqueo de una sociedad que no quiere que le tomen más el pelo. Basta ya, ya está bien de estar tan maltratados. ¿Qué es una prima de riesgo? Qué son las agencias de calificación? De repente hemos tenido que ponernos al día con unos términos que nadie sabe a qué responden. A mí me supera todo eso, pero sí sé que de repente tengo que pagar mucho más impuestos y que cobro menos por trabajar.

¿Se echa en falta un tercer partido fuerte?
Esto es como el fútbol: Madrid-Barça, PP-PSOE. Pueden haber alternativas, pero falta que creamos en ellas.

¿Hablando de Madrid-Barça, es una liga aburrida?
Por desgracia es cosa de dos. Antes estaba más disputado, y aparecía un Valencia o una Atlético de Madrid para ganar títulos. Incluso en los 80 la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao ganaron ligas y copas.

Por cierto, fuiste observador internacional en la consulta electoral sobre la soberanía de cataluña: ¿Cómo te decidiste a ejercer ese papel?
Trabajé mucho en Barcelona y tengo muy buenos amigos allí, algunos de ellos independentistas. En mi opinión, el independentismo no conduce a nada. No quiero decir que sea igual que el fascismo, pero creo que tenemos que tener más amplitud de miras. Discutí mucho con uno de ellos, que era de un partido nacionalista, y me invitó a venir para observar de primera mano cómo era esto. Yo quería ir por curiosidad, completamente de tapado, pero la cosa se desmadró. No quería ni salir en los medios de comunicación porque no quería que se utilizara la imagen de alguien popular. Por desgracia hubo un periódico que estuvo detrás de mí todo el tiempo, porque muchas veces los medios de comunicación, en lugar de informar, desinforman.

Días de fútbol, El Penalty más Largo, Salir Pitando… Participaste en varias películas sobre el fútbol, ¿con cual te quedas?
Salir Pitando, pero sobre todo porque hablaba de la crisis de los 40 años. Se abordaban temas cómo la amistad, el amor, el desamor a través de la profesión de esos tipos sometidos a un estrés importante. Un árbitro de fútbol es de entrada perdedor: un entrenador puede ser un héroe, pero un árbitro es todo lo contrario, es el antihéroe. Cuando pita bien es como su cometido, pero cuando está mal todos los ojos se posan sobre él. Y se equivocan, pero igual que un entrenador, un jugador o incluso un aficionado. Eso sí, cuando se equivoca contra tu equipo te jode más que ninguna otra cosa (risas).

De no haber sido actor, a qué te hubiera gustado dedicarte?
Me hubiera gustado ser cocinero, pero nunca contemplé algo que no fuera ser actor. Desde pequeño me preparé para serlo. En la cocina mi especialidad es el puchero, también hago muy bien las lentejas, las fabadas y los arroces. Además, parte de mi familia es cocinera, pues tengo tíos que tienen un restaurante en Madrid.

Hablas mucho y bien de la compañía de teatro animalario: ¿Qué tiene de especial?
Es la compañía donde yo crecí mucho más como actor. Llevo trabajando desde los veinte años, pero a raíz de empezar a trabajar con Animalario fue cuando empecé a aparecer más en televisión y cine. La repercusión que tienen todos los espectáculos de Animalario en comparación con otros es mucho mayor, tanto por la gente que trabaja como por la implicación a nivel social y político. Despegó de alguna forma con “Alejandro y Ana, lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente”: hablábamos del pensamiento de derechas, y eso se sumó a la gala de los Goya de TVE que fue lo que hizo que los actores nos hiciéramos abanderados del país frente a acontecimientos como el Prestige.

¿Tenías algún actor favorito?
Muchos, desde Fernando Fernan Gómez a José Luis López Vázquez. En España hay una gran tradición de actores, y hemos tenido actores como Paco Rabal, de la talla de Jack Lemmon o Marcello Mastroianni. Siempre gusta mirar a los actores americanos, pero aquí los hay muy buenos también. Además, me gusta mirar a gente de este pais, con la que puedo tener algo a la hora de actuar, en lugar de la escuela americana que es tan diferente a la hora de trabajar.

¿Te gustaría tener una experiencia en Hollywood?
Sí, me gustaría, más que nada por conocer el funcionamiento, aunque no creo que me sentiría muy a gusto por ser una maquinaria demasiado pesada. Pero tampoco me muero por hacer cine en Estados Unidos, porque lo que más me atrae es el teatro. La tele y el cine me gustan, pero me suelen ofrecer papeles menos interesantes.

¿Cuál es tu gran temor en el teatro?
No soy alguien que me ponga muy nervioso, salvo cinco minutos antes de entrar, al escuchar el bullicio de los espectadores. La pesadilla más recurrente de los actores es la de quedarse en blanco. Estoy a punto de estrenar ahora, tengo muchísimo texto y no sabes lo mal que lo estoy pasando, pese a saber que siempre habrá un compañero que te salvará llegado el momento.

¿A qué trucos se recurren cuando un actor se queda en blanco?
En una ocasión me cubrió un compañero, al estilo cuadrilla en los toros… Y en otra salí como pude: hay un viejo truco que consiste en darse la vuelta y farfullar. (risas).

¿Ya no queda ningún apuntador?
Ya no hay. Tiene más emoción así. Pero sé de algún actor que todavía sale con pinganillo, pero no voy a decir nombres (risas).

Perdiste el día libre para ser pregonero en Ferrol cuando estabas actuando en una obra de Shakespeare en el Teatro de Madrid: ¿Cómo se tomaron tu petición?
Bueno, eso tiene una explicación. Tenía un sustituto para cubrirme los días que no podía actuar porque estaba rodando una película. Dije que tenía un compromiso con mi ciudad y que me hacía mucha ilusión cumplirlo. El teatro es algo sagrado. A mí no me ha pasado, pero hay compañeros que actuaron tras fallecer su padre o su madre. Por ejemplo, Toni Cantó perdió a su hija en un accidente de tráfico y por la noche estaba actuando en Barakaldo. La naturaleza humana es así, no sabes cómo vas a reaccionar. Igual te tiras tres años sin trabajar que dices “lo voy a hacer por mi hija”. En el teatro, para que no actues tiene que pasar algo muy grave. Actué con fiebre, vomitando, con colitis… Además, en el teatro, cuando te encuentras mal sales al escenario y se te pasa todo. El grado de concentración hace que te sientas bien.

Texto: Román Bellver
Fotografía: Juan Naharro