JAVIER SAVIOLA: “El momento más feo siempre es cuando me despido de un equipo, y lo será si tengo que irme de Málaga”

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Javier Saviola lleva toda la vida jugando al fútbol. Debutó a los 16 años con River Plate y con 18 se convirtió en el máximo goleador más joven de la historia del Torneo Apertura, después de Maradona. Al año siguiente aterrizó en Barcelona y siguió su carrera en el Mónaco, Sevilla, Real Madrid, Benfica y Málaga. Muchas mudanzas, pero ninguna estridencia. Ni por prisas, ni por inestabilidad. Simplemente para disfrutar del fútbol sin pausa.

Debutaste tan joven, que prácticamente pasaste de recogepelotas a jugador en River…
Sí, me encantaba ser recogepelotas porque era la manera de estar cerca de los jugadores. Yo vivía muy cerca del club y me encantaba escuchar a los futbolistas, fijarme en sus movimientos… Con 16 años empecé a jugar en Tercera, sólo nueve partidos, y luego me llamaron para entrenar con el primer equipo. Ahí me vió Ramón Diaz y empezó todo.

Aimar y tú deslumbrasteis muy jóvenes en River, y siempre quisisteis reencontraros… ¿Como fue la experiencia en el Benfica?
Con Pablo vivimos una historia muy linda en River, disfrutando mucho y saliendo campeones. Fueron nuestros mejores momentos. Sabíamos que el fútbol nos iba a separar y así fue. Él se fue al Valencia y yo al Barcelona. Nunca perdimos el contacto, seguimos hablando y visitándonos. Aimar es el jugador con el que mejor me llevé dentro de una cancha, y él dice lo mismo de mí. Siempre tratamos de volver a juntarnos cuando algún club se acercaba, y se dio la oportunidad en el Benfica. Cuando me fui del Madrid, él estaba en el Benfica y me llamó, y no lo dudé. Fue espectacular volver a jugar con él. Además, el primer año ganamos el campeonato. Sabíamos que no iba a ser lo mismo, porque yo tenía 29 años y él 32, pero disfrutamos muchísimo. Ya no teníamos la misma explosividad y velocidad de los 19 años, pero lo compensamos con más madurez y experiencia.

¿Es difícil adaptarse al fútbol europeo?
El fútbol sudamericano es muy distinto al europeo, sobre todo al español, donde se juega muy rápido. Aquí casi siempre se moja el césped antes de los partidos, por lo que la pelota adquiere más velocidad. El marcaje también es diferente, pues no te dan posibilidad de girar o de tener demasiado el balón. Tuve que cambiar el chip, pero por suerte en el Barça tuve buenos maestros como Xavi o Iniesta. Cada entrenamiento del Barça tiene esa forma de hacerlo todo con el balón, de buscar los espacios, de hacer muchos rondos, de librarse de una marca con un pase… Era el mejor sitio para adaptarme a Europa.

¿Te frustró estar sólo tres años en Barcelona?
No, lo disfruté muchísimo, aunque me hubiera gustado quedarme o ganar algún título. Sabía que no iba a ser fácil porque llegué con sólo 19 años a un equipo donde la competencia es durísima, con delanteros de un nivel altísimo.

¿Notas diferencias entre River y grandes europeos como Madrid o Barça?
Sí, porque en Argentina la gente es mucho más apasionada, lo vive con más fervor y violencia. Aquí la gente puede esta disconforme, sacarte pañuelos o silbarte dentro de la cancha, pero ahí se termina. No vas a tener ningún problema en la calle. En Sudamérica es más complicado…

“Vine tan joven a Europa que cuando voy a Argentina, a los quince días ya me quiero volver”

Vivir en Buenos Aires, con tantos equipos, se convierte en algo complicado?
Sí, y ahora se está complicando más porque ocurren secuestros y cosas raras con los jugadores. También es difícil para el público. Muchas familias dejaron de ir a la cancha por la violencia. Siempre hay enfrentamientos entre las dos hinchadas, con la policía, difícilmente puedes llevar a un familiar de visitante a otro estadio por el miedo… Es muy peligroso. La gente va más allá de lo que es el fútbol.

¿Falta tomar medidas drásticas?
Es difícil, es más una cuestión de mentalidad. Estamos a años luz de la mentalidad europea, de poner una silla al lado del campo de juego y que no pase nada. Allí siguen los alambrados, los visitantes aislados…

Hablando de diferencias: ¿Qué recuerdas de Mónaco?
Fue lo más peculiar que me pasó en mi carrera porque yo venía de River y del Barça, clubes donde tienes la presión de ganar en el día a día. Monaco es totalmente distinto, la mayoría de la gente va a la cancha porque está de visita en Monaco, no porque sean hinchas del equipo. Es un lugar totalmente distinto a ciudades en las que viví donde se respira fútbol en la calle. En Monaco caminas por la calle y eres uno más, la gente no sabe ni quien eres. Fue sorpresivo pero lindo a la vez, porque allí me demostró que no todo es el fútbol en la vida.

¿Es cierto que le pediste una foto a Michael Jordan en Mónaco?
Fue uno de los sueños de mi vida. Era mi ídolo por excelencia. Mi padre jugaba al baloncesto y siempre veíamos juntos los partidos de la NBA. Estaba cenando en Mónaco con mi madre y de repente lo ví en la mesa de al lado. Me quedé de piedra, y no me atrevía a pedirle sacarme una foto con él. Como conocía al dueño del restaurante, le pedí que le propusiera sacar una foto. Cuando acabó de cenar, me miró y me hizo un gesto con la mano. Me saqué la foto y fue un momento increíble para mí. Eso sí, él ni sabía quien era yo (risas).

Como persona, ¿te cambió lo de venir a Europa?
Sí. He madurado muchísimo en el sentido de conocer muchos lugares. Son muchos años. En Barcelona me aficioné al arte después de un viaje a Cadaqués. Incluso, cuando compré un perro golden, que ahora tiene diez años, lo llamé Dalí. Cuando voy a Argentina, veo a mis amigos y a los quince días ya me quiero volver. Me vine tan joven y estoy tan adaptado, que aquí es donde más me gusta estar. Además, mi madre vive en Madrid, y a mis amigos los invito con frecuencia.

¿Después del fútbol te gustaría seguir en Europa?
Me encantaría. La verdad es que el fútbol me ha dado la oportunidad de vivir en ciudades espectaculares. Me siento un privilegiado no sólo por pasar por grandes clubes, sino también por ciudades increíbles. Todavía no lo tenemos muy decidido, pero mi mujer es de Paraná, en Entre Ríos, y la gente que no es de Buenos Aires está muy apegada a la familia. Así que imagino que habrá que vivir por temporadas allí.

¿Seguirás en el fútbol después de retirarte?
Me gustaría estar cerca de los jóvenes, en Parque Chas, pero no me motiva mucho lo de seguir ligado al fútbol profesional como técnico o director deportivo. Quiero estar más tranquilo, más en la pureza del fútbol, enseñando a los jóvenes futbolistas y compartiendo mi experiencia con ellos.

“Aimar es el jugador con el que mejor me llevé dentro de una cancha”

Estás muy vinculado a Parque Chas, tu equipo formador…
Por supuesto. Allí jugaba al baby fútbol, que es como se llama al fútbol sala en Argentina. Tengo unos recuerdos hermosos de pasar toda la tarde allí con la familia y los amigos. No podíamos ser locales porque la cancha era muy pequeña y no tenía las medidas reglamentarias. Mi padre se reía cuando le decía bromeando que financiaría la reforma si llegaba a primera división. Y así fue. Cuando fiché por el Barcelona todavía lo tenía en mente, tiramos todo abajo y se hizo una cancha nueva.

Un poco como en la película Luna de Avellaneda pero con un buen final…
(risas). Sí! El club quedó espectacular, van muchísimos chicos. Mi orgullo y placer es ver disfrutar a esos chicos de todas las edades.

¿Cuál fue el mejor consejo que te han dado en el fútbol?
Más que un consejo, me quedo con una enseñanza de mi padre. Desde pequeño me hablaba de la humildad, tanto a nivel personal como futbolístico. Cuando volvía de un partido en el que anotaba muchos goles en Parque Chas o River, le decía “viste papá, hice tres goles”, y el me contestaba “¿pero vos te parece que fueron buenos esos goles? Tenías que haber hecho más”. Yo pensaba que mi padre nunca alegraba de mis logros. Con el tiempo me fui dando cuenta de que el descomprimía para que yo fuera une persona humilde. Para mí esa fue la mejor enseñanza.

¿Qué entrenador fue especialmente importante para tí?
Hasta los ocho años jugué al fútbol sala, luego dí el salto al once. Gabriel Rodríguez fue el primer entrenador que me tuvo en cancha profesional, en River Plate. Aprendí muchísimo. Ahora está de encargado en Parque Chas, somos amigos. Fue el técnico que más me enseñó, pero también una persona importantísima en mi vida.

¿Quién fue tu ídolo en el fútbol?
Siempre fue Ariel Ortega. De hecho iba al estadio sobre todo para fijarme en él, no le quitaba los ojos de encima.

¿Y fuera del fútbol?
Mi mayor ídolo fue mi padre, hasta los 19 años, cuando falleció y me fui al Barcelona. Me dio educación, humildad… todo lo que un adolescente necesita.

Acabas contrato en junio, ¿Cómo ves tu futuro?
Me encantaría quedarme en Málaga, este disfruté mucho tanto del equipo como de la ciudad. Además, mi hija Julieta nacerá aquí en junio. Sé que será difícil seguir por los problemas que está teniendo el club. Si tengo que dejar el Málaga, me gustaría seguir en Europa.

“Europa me cambió mucho. Me aficioné al arte tras un viaje a Cadaqués. Hasta llamé a mi perro Dalí”

¿Qué te gustaría conseguir antes de retirarte?
No le puedo pedir nada más al fútbol, me dio demasiado. Estuve en los mejores equipos del mundo, jugué la Champions, un Mundial, los Juegos Olímpicos… De hecho siempre me fascinaron los Juegos, me gustaría volver a una olimpiada pero no como deportista, sino como espectador. Eso sí, puestos a pedir, me gustaría retirarme en River Plate.

¿Como ves a la Albiceleste?
Se ha formado un grupo muy bueno, con el mejor jugador del mundo. Viví un Mundial y sé lo complicado que es. Por eso, todo el mundo dice que Argentina y Brasil son candidatas, pero luego es complicado. Además, la presión mediática es tremenda hasta en los amistosos. La gente es muy impaciente porque se acostumbró a ganar Mundiales en 1978 y 1986, así como a jugadores de la talla de Kempes, Maradona o Messi.

Desde aquella generación campeona del Mundial sub20, la lista de mediapuntas talentosos que no se adaptaron a Europa es muy larga: ¿Por qué les cuesta tanto?
El problema es que se les pone desde muy jóvenes la etiqueta de “nuevo Maradona”, y ese tipo de presión te liquida. Es difícil llevar esa mochila encima. La gente se piensa que el equipo juega con uno o dos jugadores… También los chicos se van muy rápido, con ocho o nueve años, cuando antes jugaban primero en primera división argentina antes de irse a Europa.

¿Cuál es tu mejor y peor recuerdo?
Tengo muchos buenos recuerdos, pero si tuviera que quedarme con uno, sería el de mi debut en primera división. También fue increíble ganar el Mundial sub20, en nuestro país, siendo tan jóvenes. El momento más feo siempre es cuando me despido de un equipo, y lo será si tengo que irme de Málaga. Es lo triste del fútbol, que cuando te encuentras bien con los compañeros, que empiezas a vivir cosas importantes, tienes que irte. Sentí lo mismo incluso en el Real Madrid, donde me entristeció despedirme pese a que tuve pocos minutos de juego.

¿A que te habrías dedicado de no haber sido futbolista?
Mi padre era arquitecto, maestro mayor de obra como se dice en Argentina. El quería que estudiara, lo que pasa es que con 15 años ya era profesional, no pude ni terminar la secundaria.

Texto: Román Bellver
Fotos: Cordon Press/www.malagacf.com