Las verdades del Barkero

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Las verdades del barquero son las que se dicen al otro sin excesivos miramientos, aunque el interlocutor pueda molestarse con tanta franqueza. Eso pareció ocurrir en el vestuario del Levante tras perder por 0-4 ante un Deportivo en peligro de descenso. Barkero recriminó a cuatro compañeros su falta de intensidad, cosa que ellos interpretaron como una acusación de amaño. Por si fuera poco, Javier Tebas, nuevo presidente de la LFP, optó por la demagogia al echar más leña al fuego.

Que un equipo, sin ya nada que perder ni que ganar en la recta final de la Liga, sea goleado por un rival jugándose la vida puede parecer hasta lógico. El exceso de relajación, sobre todo tras una temporada histórica y extenuante, pudo apoderarse de algunos jugadores del Levante. En medio de todo ese cansancio, aparece el enfado de Barkero. El jugador vasco se disculpó a los pocos días, pero no sabemos de qué: ¿De una rabieta tras una derrota? De una insinuación? De una acusación?

Pese a que el fútbol sea un reflejo de la sociedad, todavía permanecen tabúes que dan lugar a situaciones absurdas. Si bien se reconoce que existen las primas por ganar (legales) y las primas por perder (ilegales), nunca se menciona una práctica que el mundo entero presenció durante un partido del Mundial 82 entre la República Federal de Alemania y Austria, que pactaron un empate en la liguilla que les clasificaba a los dos en detrimento de Algeria. Evidentemente, probar ese arreglo fue tan imposible como demostrar que un profesor le pone medio punto más a un alumno que le cae bien y medio punto menos al que le cae peor.

Muchos profesionales del fútbol admiten en privado que algunos equipos, al inicio de temporada, acuerdan pactos de no agresión para las últimas jornadas: en caso de enfrentamiento directo, el equipo fuera de peligro no opone resistencia al rival en apuros. Hoy por ti, mañana por mí. No tiene por qué ser el caso de Levante, pero sí el recurso de algunos equipos habituados a coquetear con las zonas de descenso. Un acto antideportivo, pero no ilegal, igual que simular un penalti o salir menos motivado ante un rival que nos caiga simpático.

No pretendamos que el fútbol sea prefecto si el ser humano no lo es. Si hubo amaño, que se demuestre y se sancione a los jugadores implicados. Pero no confundamos legalidad con fair play, ni justicia con demagogia.