LUIS ARAGONÉS: El inventor del coaching total

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Este fin de semana falleció el padre de la Roja, el inventor del coaching total: estrategia, psicología, motivación, intuición, comprensión y disciplina… Luis Aragonés manejaba todas las facetas del fútbol. Si Holanda tiene en Rinus Michel al inventor del fútbol total, España puede presumir de haber disfrutado del entrenador total.

Su capacidad para sacar el máximo rendimiento de cada equipo al que entrenó está fuera de duda: coleccionó títulos con el Atlético de Madrid y dejó huella en cada club por el que pasó. Maestro de la táctica, Luis Aragonés también entendía al jugador como nadie. Fue capaz de resucitar a Onopko en el Oviedo o de dotar de una segunda juventud a Fernando en el Valencia. Apartó a Paulo Futre de su Atlético y a Romario del Valencia, dos divos cuya indisciplina superaba al rendimiento. Pero no era un “Sargento García”. Supo enderezar a Samuel Eto’o en un Mallorca que acabó tercero, el mejor puesto de la historia del club balear. Su bronca al camerunés, al que zarandeó cogiéndole por la pechera, es recordada por todos. Incluso por el propio Eto’o, que no duda en decir que Luis fue como un padre para él. Lo mismo que para los jugadores de la Selección.

Tras un decepcionante Mundial 2006, le dio el timón a Xavi e Iniesta, entonces actores secundarios en el Barça. Superó la indecente presión de cierto sector de la prensa por no convocar a Raúl o Guti y confiar en los Villa, Torres, Senna o Silva. Una “prensa” que llegó a colar a una veintena de marionetas en el entrenamiento de la Roja para corear el nombre de Raúl. Ahí empezó su cruzada de dos años, aguantando presiones y faltas de respeto, incluyendo un infame programa de TVE, “Tengo una pregunta para usted”, con preguntas muy teledirigidas.

Luis tenía todas las respuestas, pero se las guardaba, como quien sabe que el tiempo pondrá a cada uno en su sitio. Se centró en un gran trabajo táctico y psicológico, multiplicando las llamadas telefónicas y los cafés para convencer, tranquilizar y mentalizar a sus pupilos. Unos jugadores a los que anima o abronca como un padre, pero a los que defiende con uñas y dientes frente a la prensa. Mientras tanto, la Roja va tomando color: posesión y buen trato de balón, pero con la inteligencia táctica necesaria para saber bascular hacía fases de contragolpe y juego directo según la fisionomía del partido.

Los jugadores no sólo creen en Luis, sino que se entregan totalmente a él. Con Luis, todo es posible. Los futbolistas aprenden los nombres de los jueces de banda para impresionarles al dirigirse a ellos, y Cesc Fabregas, que no había lanzado un penalti desde los 15 años, marca el de la victoria para romper el gafe ante Italia en cuartos.

Unos minutos antes de la final, Luis mentaliza a los suyos diciéndoles que “las finales no se juegan, se ganan”, pero les quita tensión al llamar “Wallace” a Ballack durante toda la charla prepartido. España le acaba dando una lección de fútbol a Alemania y se corona campeona de Europa. Así nacío la Roja. De vuelta a España, Casillas, Xavi y toda la plantilla le piden que se quede ante un público enloquecido, pero su decisión ya estaba tomada. Podía irse tranquilo, pues había impuesto sus ideas, y con ellas un estilo ganador e inimitable.

Incluso el tiempo le dio, si cabía, más la razón: Xavi se erigió en cerebro indiscutible del Barça, Iniesta marcó el gol de la final del Mundial 2010 y David Villa se convirtió, el 25 de junio de 2011, en el máximo goleador de la historia de la Selección con 46 goles en 72 partidos, superando claramente el promedio del “intocable” Raúl, autor de 44 tantos en 102 encuentros.

Luis Aragonés nos dejó este fin de semana, en una fecha muy simbólica: se estrenó como entrenador en 1975 ganando la Copa Intercontinental con su Atlético, y falleció a los 75 años, el año del Mundial de Brasil. Por casualidad o destino, la Selección tenía programado su próximo partido amistoso en el Vicente Calderón frente a Italia. Ese día, la Roja estrenará su nueva segunda equipación, totalmente negra. No es para menos. España no pierde a un seleccionador, sino al seleccionador. Su seleccionador. El que luchó para cambiar la historia. Gracias, Luis.

Texto: Román Bellver (twitter: @Romanbellver)