MICHEL PINEDA: “A los jugadores ya no les gusta el fútbol, sino lo que les aporta a nivel material”

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Michel Pineda, junto con Eric Cantona o Basile Boli, formaba parte de una impresionante hornada de jugadores del AJ Auxerre. El delantero hispano-francés no era el más virtuoso pero su capacidad de sacrificio, valentía y pundonor le convirtieron en el auténtico ídolo de la afición del Espanyol durante los años 80 y del mítico estadio de Sarrià.

¿Qué se siente al pisar el jardín de esta urbanización donde antes estaba el Estadio de Sarrià?
Esa zona hasta dejó de gustarme cuando tiraron en campo en 1997. Aquí jugaba y entrenaba, por lo que ver ahora esos bloques de edificios… Entiendo que los estadios tengan que ir fuera de la ciudad y que la necesidad de vender era muy grande, pero es inevitable que te dé pena.

Estuvo bajo las órdenes de entrenadores carismáticos: ¿Qué le impactó de cada uno?
Guy Roux fue muy especial, me pilló con 15 años y con un equipo filial que fue campeón de Francia con jugadores como Cantona, Martini o Boli. La mayoría de ellos acabaron siendo internacionales. Guy Roux cogió un equipo “de pueblo”, lo llevó a Primera y estuvo 36 años consecutivos en el banquillo! Luego me vió un ojeador del Espanyol, Ramón París, y aquí aterricé en 1984. Xabier Azkargorta era también un entrenador muy joven que acababa de hacer seis meses muy buenos con el Espanyol. Era un hombre inquieto, que había seguido los entrenamientos que se hacían en los centros de formación de Francia. Tuvimos dos años de transición muy buenos, en los que casi nos clasificamos para la UEFA, con un muy buen grupo formado por jugadores que empezaban a conocerse bien.

Y luego llegó Javier Clemente. ¿Ya era tan peculiar?
Sí, creo que fue el primer entrenador en no repetir nunca la misma alineación. Te tenía desestabilizado. Igual marcabas dos goles el domingo y al partido siguiente ni ibas convocado. O igual te ponía de titular cuando no te esperabas ni a formar parte de la lista. ¡Hasta se hacían apuestas sobre la convocatoria y la alineación! Eso sí, Clemente supo recoger los frutos del trabajo de Azkargorta, formando un grupo muy interesante, con sólo dos extranjeros: Lauridsen y N’Kono.

¿Se puede decir que es un periquito más?
Sí, soy del Espanyol. Antes no solo fichabas por un equipo, sino por un club. Uno no se marchaba a los seis meses. También los clubes eran diferentes, con una ambiente muy familiar. La secretaria de toda la vida, María Bosch, te cuidaba mucho, al igual que los demás empleados. Era tu casa, por eso no tardabas mucho en hacerte del club.

También estuvo dos años y medio en el Toulon…
Sí, pero en Francia no había esa  cultura de equipo. En la Francia de los 90 ya se empezaba a vivir el cambio constante de jugadores. Aquí había mucho menos movimiento. Sólo te movías del Espanyol si te llegaba un oferta de un equipo muy grande o si no contaban contigo.

“Francia necesita una gran limpieza generacional. Le hubiera venido bien no clasificarse”

¿Se notaba tanto la diferencia?
Ya se notaba mucho la influencia de los agentes y así fueron las cosas, con el tema de Bernard Tapie y las historias de traspasos ficticios para blanquear dinero… Aquí aún existía aquello del amor al escudo.

¿Por eso nunca le apeteció ser entrenador?
Cuando me retiré con 33 años ya se empezaba a ver como iba a evolucionar el fútbol. Antes sabías que el 9 era el delantero o el 2 el lateral derecho, pero ahora igual un jugador lleva el 47. Lo de los nombres en las camisetas empeoró la situación: se enrarece el ambiente en los vestuarios y surge el tema de “el que vende más camisetas soy yo”. A la gestión de egos añádele que te puedes encontrar con cinco nacionalidades diferentes, y todo eso dificulta el control del vestuario.

¿Tanto ha cambiado el fútbol?
Te voy a dar un ejemplo muy descriptivo. Hace unos años, se organizó un partido entre los que ganaron la Copa del Rey en 1996 con el Espanyol y los que jugamos la final de la UEFA de 1988. Salvo Jesús García Pitarch, que no pudo venir, estábamos al completo y nos reencontramos con una alegría inmensa. Sin embargo, los de 1996 sólo eran unos cuantos, pues según parece no se llevaban muy bien. Antes eras compañero, vivías el vestuario. Si un jugador se quedaba sólo porque su mujer se ausentaba, los demás le proponíamos que se viniera a cenar a casa. Ahora no se conocen, apenas comunican entre ellos.

¿Eso se refleja en el campo?
Quedó reflejado en la final del Mundial de 2006. Cinco minutos antes de que expulsaran a Zidane, yo ya había dicho que no acabaría el partido. No tocaba el balón, no estaba a gusto y su mirada lo decía todo. Sus compañeros no anticiparon esa situación, y eso es porque no se conocen. A Zidane lo expulsaron varias veces por ese motivo, por eso Materazzi le provocó. Yo jugué con Cantona, y a veces notaba en su mirada que si le provocaban iba a reventar. Ahí es cuando un compañero tiene que decirle “tranquilo, deja esto, me ocupo yo…”.

¿Por qué se ha perdido tanto el compañerismo?
Son muchos factores. El principal es que los jugadores no se han criado juntos, hay muchas nacionalidades diferentes y cambian a menudo de equipo. Por eso la apuesta por la cantera debido a la crisis puede ser benéfica. Lo que ocurre también es que a los jugadores ya no les gusta el fútbol en sí, sino lo que les aporta a nivel material.

¿Tan poca pasión percibe en ellos?
¡A algunos les preguntas contra quien juegan el jueves en Europa League y lo tienen que mirar en internet! Eso sí, todos tienen uno o incluso varios agentes para ganar el máximo dinero posible. Antes te daban un vale para comprarle botas y si te encaprichabas con un modelo más caro lo ponías de tu bolsillo. Ahora se las regalan a cualquier jugadorcillo y si le sale un mal partido igual las tira por superstición.

¿Demasiado dinero para tan poca pasión?
Creo que sí. Hace poco, estuve por la ciudad deportiva. Pensaba que aquel día entrenaba el primer equipo pero ¡eran los coches de los jugadores del filial! Recuerdo que me compré un Golf GTI, pero me daba tanta vergüenza ir a entrenar con él que lo dejaba siempre en la gasolinera para que lo lavaran por no entrar al campo con él. También un compañero nuestro, de familia burguesa, llegó con un Mercedes que le había regalado su padre. Pedro Tomás, entonces gerente del Espanyol, le aconsejó que no lo llevara al entrenamiento porque éramos un equipo modesto. El chico lo entendió. Hoy exhiben coches, joyas y ropa cara sin ningún pudor.

“Echo en falta a futbolistas de la calle o de campos de tierra con el bote malo. El césped sintético no ayuda mucho a que los jugadores sean pillos”

¿Cómo recuperar los valores del fútbol?
Los equipos ingleses y alemanes, por ejemplo, inculcan muy bien aquello de vivir con un grupo, de defender un escudo. En esos países, los jugadores comparten más desayunos y se cuidan detalles como, por ejemplo, el que tuvo el Manchester United de llevarse a todos sus exjugadores a la final de la Champions.

¿Y eso no se hace aquí?
Yo me pagué el viaje para ir a la final de Glasgow y peleé mucho para conseguir entradas. Tampoco pedía que nos invitaran, pero ayudar un poquito sí, y tampoco es que el Espanyol haya jugado 50 finales… Por ejemplo, podían haber organizado una cena el día antes… Que los jugadores actuales pregunten “¿ese quien es?” y que les digan “pues mira, esos cuatro gordos y cojos que ves allí jugaron la final del 88”. Molesta mucho que no exista ese contacto. Los jugadores van a entrenar y adiós, eso está montado así.

¿De qué equipo era de pequeño?
Más que de un equipo, era de Platini. Fui del Nancy porque jugaba allí, luego del Saint-Etienne con esa famosa final de Copa de Europa y más tarde también me hice de la Juventus por él.

¿Lo llegó a conocer?
Si. Siendo ya jugador, ¡le pedí un autógrafo!

Además comparten el mismo nombre…
(risas) ¡Y hasta las mismas iniciales! Aquellos años, el Saint-Etienne era el equipo que enamoraba a Francia y Platini era un jugador impresionante. Ese equipo perdió la final de la Copa de Europa contra el Bayern pero se convirtió en mítico por esos dos balones estrellados en los palos, entonces cuadrados, que de haber sido redondos como ahora se hubieran convertido en goles.

Vivió una cruel derrota contra el Bayer Leverkusen en la final de la UEFA, tras ganar el Espanyol en la ida 3-0. ¿Qué pasó?
Jugamos de fábula durante toda la competición, eliminando al Inter, al Milan de Van Basten, Gullit y Rijkaard, al Borussia Moenchengladbach, al Brujas… Tuvimos esa suerte necesaria en detalles que deciden partidos, y eso es lo que nos faltó en el partido de vuelta de la final. Nos marcaron el primer gol tras un error tonto entre N’Kono y nuestro defensa, y cuando juegas contra alemanes no puedes dar nada por hecho. ¡Pero ojalá el Espanyol pierda una final cada dos años!

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¿Se puede sobrevivir sólo con la cantera?
La crisis tiene que servir para que los equipos vuelvan a trabajar las canteras, que los ojeadores regresen a los campos de las categorías inferiores y apuesten por chavales. Era demasiado fácil tirar de talonario para fichar a un argentino de 25 años. Hay que volver a crear lo que en Francia se llama la “cultura de campanario”: has nacido aquí futbolísticamente, te has criado aquí y sabes como es este club. Eso lo ha seguido haciendo el Barça pese a su buena economía, igual que el Espanyol por necesidad y el Athletic por política. Hay que volver a eso.

La fórmula le está saliendo muy bien al Espanyol…
Sí, lo está haciendo muy bien, buscando jugadores de Segunda y apostando por la cantera. También es agradable ver lo bien que trabaja un equipo como el Villarreal, con gente como Antonio Cordón capaz de anticiparse a la crisis trabajando la cantera. Hay juveniles del Villarreal que dentro de 4-5 años serán jugadores impresionantes. Fíjate, hasta les pudo venir bien lo de bajar a Segunda. Bruno es el exponente, va sobrado, está para la Roja.

¿Tienen que rebelarse los clubes por cómo se reparten los derechos de televisión?
Por supuesto, tienen que plantarse. No es posible que Barça y Madrid se lleven ciento y pico millones de euros mientras el Osasuna se lleva 15. Así es imposible. Es admirable que equipos así logren mantenerse en Primera sin deudas. Eso demuestra que trabajando se pueden hacer las cosas bien. No todo es el reparto de los derechos, porque hay equipos que también tienen problemas por la frivolidad de algunos gestores.

Fue famoso su gol con el Racing que hizo descender al Espanyol…
Marqué aquí en Sarrià y creo que fui uno de los primeros jugadores en no festejar un gol. Hacer bajar al Espanyol era terrible, sobre todo respecto a la gente del Barça. Tenía amigos en el campo y en las oficinas, como José María Calzón, que sigue trabajando para el Espanyol, y sabía que todos iban a padecer muchísimo.

“La crisis tiene que servir para que los equipos vuelvan a trabajar las canteras”

¿Tuvo que mentalizarte especialmente para ese partido?
Mentalicé sobre todo a mis compañeros del Racing, porque yo fiché para 10 partidos. Iban sextos en Segunda y querían ascender. Ganamos 9 partidos y empatamos uno. Fíjate como es el fútbol: cuando fiché por el Racing, el Espanyol estaba a una victoria de los puestos UEFA, pero lo perdieron todo en diez partidos. Encima el play off era por sorteo. Me llamó mucha gente porque en Santander se me criticó por no festejar aquel gol. Ya con el Racing en Primera, me llamó gente del Espanyol llorando, y yo con ellos… Muchos me decían que bajar a Segunda por un gol mío les hacía menos amargo el trago.

Se retiró bastante pronto, con apenas 33 años…
Si. Se estiraba menos porque llevaban dos años con la famosa Ley Bosman. Entonces o aceptabas lo que te ofrecía un equipo o se traían a cualquiera de la Unión Europea por un poco menos de dinero. Además, es una edad complicada para un delantero porque si metes un gol es normal y sino te llaman viejo. Con tan poco reconocimiento ya no te compensa seguir.

¿Puede que ya no le motivara jugar en un equipo que no fuera el Espanyol?
No, fue por lo que te comentaba anteriormente. Además, no existía la posibilidad de jugar en ligas exóticas como ahora. Yo me hubiese ido dos años a Estados Unidos, no por dinero, sino por aprender otro idioma y vivir esa aventura.

Al ser hispano-francés, ¿Con quien va en un España-Francia?
Me gustan los dos. Me tira más España y disfruté con la victoria en la Eurocopa. Eso sí, reconozco que también me gustó ver a la Francia de Zidane eliminar a España del Mundial de 2006 por todo lo que se había comentado anteriormente de “jubilar al equipo de Zidane”. Y la verdad es que la Marsellesa es un himno muy especial, muy emotivo. Tengo la suerte de poder elegir y disfrutar de ambas selecciones.

¿Percibe una rivalidad especial entre Francia y España?
Sí, y eso viene de lejos, desde Napoleón (risas). Tanto en el Tour de Francia como en Roland Garros se nota que les molesta el éxito del deporte español. Hay una rivalidad entre vecinos muy especial, que por ejemplo no tenemos nosotros con Portugal.

¿Es excesivo el chauvinismo francés?
El chauvinismo es muy bueno para defender lo tuyo, pero está claro que a veces se pasan un poco, y no me refiero a los Guiñoles de Canal Plus Francia. Eso es humor, un programa que se ríe principalmente de los franceses: se rieron repetitivamente del dopaje de Richard Virenque, pintaron a Jean-Pierre Papin como a un tonto perdido y el muñeco de Amélie Mauresmo era un hombre musculoso con peluca.

¿Qué diferencias aprecia entre el fútbol francés y el español?
Hace unos tres años coincidí con Daniel Roland, ayudante de Guy Roux, en un torneo sub17 y me dijo: “En la última década hemos premiado el físico olvidándonos de la técnica. España está encontrando el camino, el del balón”. Estoy totalmente de acuerdo con él. Francia tiene una generación demasiado musculosa. No tiene nada que ver con los entrenamientos que recuerdo del centro de formación del Auxerre. Entonces el físico no era primordial, el balón era omnipresente y se insistía en la repetición de movimientos, en los controles…

Pero se llegó a malinterpretar el cambio de estilo propuesto en su día por la Federación Francesa de Fútbol…
Bueno, eso de que fuera malinterpretado… (risas). Creo que valoraron la posibilidad de hacer ese cupo, cuando no se trata de que seas negro o blanco, sino de métodos de trabajo. Puedes ser negro, medir un metro noventa y tener técnica. Se trata de tener un modelo definido. En la cantera del Barça son muy jugones y en la del Madrid los delanteros son muy rápidos, de contragolpe, como en el primer equipo. Lo que intentó Laurent Blanc fue volver al espíritu de los centros de formación.

¿Tan difícil es recuperar ese espíritu?
Es que ves partidos de fútbol y parece que a los jugadores no les guste lo que están haciendo. Hay conceptos básicos, de escuela de fútbol, que se pierden, como darle un pase al portero fuera de la portería por si falla el control, o pasarle el balón a un jugador fijándose en si es zurdo o diestro… Se ha perdido la solidaridad con el compañero.

¿La falta compañerismo es el gran problema de la selección francesa?
Francia necesita una gran limpieza generacional. Es increíble que a un entrenador le cueste tanto impedir que un jugador use el twitter o se ponga los auriculares del iphone. A veces me pregunto cuanto tiempo han pasado delante del espejo: que si el peinado, que si la diadema… Lo triste es que cuando vas a torneos de promesas ves que los chavales copian esos detalles.

Pero Francia tuvo premio al final, clasificándose en la repesca y con un buen sorteo posterior…
Al final no lo sé. Francia rozó el ridículo y mucha gente pensaba que lo mejor era no clasificarse para hacer una limpieza. A veces hay que tocar fondo para levantarse mejor, es lo que ya pasó cuando Francia no se clasificó para el Mundial de 1994. De vez en cuando una cura de humildad no viene mal. Les falta darse cuenta de que son buenos jugadores, pero eso hay que demostrarlo en el campo, no sólo enfrentándose a la prensa…

Ganó el Europeo sub21 con España: ¿Fue con la primera que le convocó o tuvo que elegir?
Cuando me convocó España me llamaron desde Francia para decirme que declinara la propuesta, pero yo estaba a gusto aqui. Desde pequeño me sentí un poco más español que francés. Mi padre era burgalés y mi madre de Vitoria, por lo que la llamada de España suponía volver a mis raíces.

¿Por qué en esa época España solía ser campeona en categorías inferiores y le costaba tanto conseguir resultados con la selección absoluta?
España jugaba para ser campeona en las categorías inferiores más que para formar jugadores, mientras que los otros países trabajaban con vistas al futuro. Veías jugar a los sub21 franceses o alemanes y te parecían unos chiquillos torpes en comparación con los españoles. Pero unos años más tarde te los volvías a encontrar, más hechos como jugadores y con más cuerpo. Los jugadores españoles llegaban ya muy quemados a la absoluta.

¿Faltaba algo de psicología en el fútbol de entonces?
Si, pero el primer psicólogo tiene que ser el entrenador, sobre todo cuando diriges a grandes jugadores. Cuando entrenas a equipos como la Selección Española actual, la Francia de Platini o el Real Madrid de Zidane… ¿Qué les vas a enseñar?

¿Qué jugador de la cantera del Espanyol puede convertirse en una estrella?
Alvaro Vázquez, sin duda. Tiene una inteligencia en el desmarque muy similar a la de Dani Guiza, que es impresionante en esa faceta del juego. Echo en falta a futbolistas de ese corte, que han jugado en la calle o en campos de tierra con el bote malo. El césped sintético no ayuda mucho a que los jugadores sean pillos. Otro jugador que me gusta es Verdú. Es una pena que la hayan castigado tanto las lesiones, porque si lo pusieras a jugar en el Barça no desentonaría.

Hablando de césped: ¿No es contradictorio que se culpe tanto de las lesiones al estado del césped cuando los campos suelen estar en mejores condiciones que antaño?
Puede que el césped artificial, a la larga, sea perjudicial para las articulaciones, pero creo que es más un problema de botas. Con los tacos de toda la vida no había tantas lesiones de rodilla… Quizás esos tacos rectangulares o de triángulos no sean muy buenos. Es lo que tiene no elegir tus botas y que te las imponga un patrocinador.

Texto: Román Bellver (twitter: @Romanbellver)
Fotos: Tati Quiñones