NATALIA VERBEKE: “En el cine francés, los personajes femeninos tienen muchísima entidad”

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El talento de Natalia Verbeke la convierte en inclasificable. Atormentada, boxeadora, femme fatale, chacha, periodista, lesbiana… No hay papel que no interprete a la perfección, con esa capacidad innata para añadirle un toque de seducción muy personal. Pero no es ni seductora cliché ni musa underground. Es simplemente ella, aunque confiesa que le gustaría ser Carmen Maura.

Le dedicaste muchos años a la danza: ¿Nunca te planteaste ser bailarina?
No era lo que me gustaba. Es mas normal que a una niña la lleven a una escuela de ballet que a una de teatro. A mí me encantaba bailar, divertirme, pero siempre he sabido que quería ser actriz.

¿Cuándo decidiste ser actriz?
Fue al ver “Lo que el viento se llevó” (risas). No por la película, sino porque veía a Vivían Lee con esos vestidos, rodeada de tantos hombres, ese carácter y esa fuerza… Yo quería ser ella. Luego me dí cuenta de que eso era una actuación. También me encanta leer, y de pequeña siempre quería ser cada uno los personajes de novela.

¿Te gustaría trabajar en una película o espectáculo relacionado con la danza?
Sí, me encantaría hacer un musical. De hecho, me ofrecieron Chicago hace dos años pero no pude hacerlo por Doctor Mateo. Es algo que tengo en mente. Ahora, con la serie Lolita Cabaret voy a bailar, empezamos a rodar en junio.

Estás muy conectada con tres capitales: Buenos Aires, Madrid, París…  ¿Qué es lo que más y menos te gusta de cada una?
De Madrid, lo que más me gusta es ese espíritu lúdico que tienen todos los madrileños, de salir a la terracita a tomarte una caña, los días con sol… En lo negativo, diría que a Madrid le falta ser una ciudad más limpia. De Buenos Aires también destaco a su gente, muy parecida a la madrileña, y me encantan esas librerías abiertas toda la noche. Lo que menos me gusta es la forma de conducir de los bonaerenses. Nunca sé cuando puedo cruzar, porque tengo la sensación de que en cualquier momento me van a atropellar. París me maravilla, es sencillamente la ciudad más bonita del mundo. Es increíble poder dar esos paseos en el Sena… Quizá su defecto sea que los parisinos son algo distantes y muy protocolarios.

Tuviste un papel destacado en la película francesa Las chicas de la sexta planta: ¿Son especiales los actores allí?
Son muy profesionales a la hora de trabajar. Tuve una muy buena relación con Fabrice Luchini. Tiene un sentido del humor muy afilado. La mayoría de la gente se queda cortada cuando él habla, pero en mi caso no me pasaba. Me reía mucho con él y le contestaba mucho. Creo que eso le gusté de mí. La verdad es que Fabrice ha sido muy generoso con todas nosotras, y es muy fácil trabajar con un actor tan bueno.

¿Hablas o sólo actúas en francés?
Cuando fui a hacer la película, no hablaba prácticamente nada de francés. Aprendí a base de estar allí, de oír el idioma todo el tiempo, también por tesonería.

¿Te costó trabajar el acento que te pidieron?
No, porque el acento era el mío. Debe estar el acento porque interpreto a una española. Y cuando me llaman, es para hacer de hispana, da igual de donde, realmente quieren el acento. No me produce dificultad trabajar en otro idioma. Al contrario, me conecta con otro lugar. Igual que cuando trabajo con acento argentino, trabajo desde otro lugar. Me siento muy libre, el idioma no me produce ningún tipo de barrera ni bloqueo.

¿Tenías ya algún tipo de vínculo con la cultura francesa?
Soy una enamorada de París. Me encanta el cine de allí y sobre todo como escriben para las mujeres. En el cine francés, los personajes femeninos tienen muchísima entidad, son realmente muy cuidados. Siempre quise trabajar allí, la verdad, era un sueño. Recuerdo que lo hablaba con Carmen y le decía cuanto me gustaría trabajar allí. El hecho de haber entrado en Francia como protagonista en Las chicas de la sexta planta era muy importante y muy bonito.

“Me encantaría ser Carmen Maura”

¿Te ayudó mucho la presencia de Carmen Maura por su experiencia en el cine francés?
Sí, y sobre todo porque la quiero un montón. Trabajé con ella en mi segunda película y fue un poco mi madrina. Me cuidaba mucho, me daba consejos, me decía ¡aquí tienes que gritar porque no puede ser…”. Me enseñó mucho de esta profesión, a hacerme respetar. En Francia, cuando estábamos rodando, era un apoyo muy fuerte. La verdad es que he tenido mucha suerte, porque ir a rodar con españolas lo hizo todo más fácil. Siempre tenía con quien hablar, al contrario de lo que me pasó en la serie Jeu de Dames, donde no conocía a nadie. Además, adoro y admiro muchísimo a Carmen, y me ha dado muchos trucos para llevar mi vida allí (risas).

¿Qué trucos?
Por ejemplo, en una tienda no te hacen caso si te oyen el acento, son bastante complicados. Pero si pegas un grito, hasta te dan las gracias. Es así, desgraciadamente.

¿Cómo te imaginas en los próximos años?
Me encantaría ser Carmen Maura. Es una persona maravillosa, con un sentido del humor impresionante. Profesionalmente,  tiene la capacidad de ilusionarse como cuando empezó, y posee una mirada de niña pequeña que desarma a cualquiera.

Nunca tuviste un papel de “mala-mala”…
No, pero estoy deseándolo (pone cara de mala-mala). Los personajes de malos siempre son los más queridos por los actores.

¿Hay algún papel de ese tipo de personaje que te haya fascinado?
Muchos, pero Cruella de Vil de Los 101 Dálmatas me parece una fascinante, al igual que la Marquesa de Merteuil de Las Amistades peligrosas, aunque siempre le acabas encontrando el lado vulnerable al personaje.

¿Eres supersticiosa?
Es una estupidez, pero no puedo ir de amarillo, algo muy típico en los actores.

¿Tienes actores favoritos?
Meryl Streep y Daniel Day-Lewis.

¿Una estancia inolvidable?
El Perito Moreno, en Calafate. Es un espectáculo ver el glaciar. Uno no acaba de creerse esa maravilla de la naturaleza, es brutal.

Llegaste con 11 años a España. De un país de transición a otro…
Era una niña, sentí un horror terrible. Cuando eres niño no tomas una decisión, sino que vas detrás de tus padres. Dejas a tu familia, amigos, y a tu tierra, cosa muy complicada, porque los argentinos somos muy patrioticos (risas). Encima, pensaba que todo el mundo amaba los toros y las faralaes, y esa estampa me daba miedo. Cuando llegué, me impresionaba el acento y que la gente hablara tan fuerte, me parecía que todo el mundo me estaba gritando.

Llegaste en plena Movida madrileña…
Sí, recuerdo que me daba mucho miedo ir a Chueca, que es donde vivo ahora (risas).
El barrio atravesaba una etapa complicada. De repente, veía a gente consumiendo drogas en la calle, cosas que no había visto nunca… Había mucha heroína, ahora es muy diferente.

¿Tienes recuerdos de la dictadura argentina?
Sí me acuerdo. No la dictadura en sí, sino de sentir miedo. Cada día pasaba algo y el gobierno intentaba distraer la atención. Se justificaban muchas desapariciones anunciando que había, de repente, por tal zona, un asesino en serie. Me acuerdo de anuncios del estilo “cuidado todo el mundo que está desapareciendo gente”… Yo he nacido y me he críado en una cúpula de miedo.

¿Qué sientes cuando vas a Argentina?
Suelo ir poco porque me toca demasiado, me revuelve mucho. Cuando llego me entra una sensación de nostalgia, de preguntarme como habría sido si me hubiera quedado, de ver a mi familia y no querer regresar…

¿Te gustaría volver?
Es difícil contestar a eso, pero creo que me siento un poquito más de Madrid ahora. Mis padres siempre pensaron que volverían algún día pero no se imaginaron que sus hijos se quedarían. La tierra les tira mucho, pero sus tres hijos más. Ya somos mayores, pero no nos dejan. Yo no quiero que se vayan nunca, así que les chantajearemos emocionalmente (risas).

¿Practicas deporte?
Voy en bici. También las vendo ahora en una tienda que monté con mis hermanos. Tengo un entrenador personal para hacer aeróbicos durante hora y media cada día. Me viene muy bien para la cabeza y porque me siento muy bien haciendo deporte. He bailado durante tantos años que no concibo estar de repente sin hacer nada.

¿Ves fútbol?
La verdad es que no. Los chicos en pantalón corto son muy monos, pero no aguanto ni tres minutos viendo un partido de fútbol. He ido mil veces al Vicente Calderón porque tenía un novio que era del Atleti. Por eso siempre digo que soy de River Plate y del Atlético de Madrid.

¿Fuiste alguna vez a la Monumental?
No. Tengo un primo, Sergio Zorrati, que es juez de línea en Argentina. Cada vez que juegan River y Boca, sale escoltado por la policía. No me deja ir porque hay mucha violencia en los estadios.

*Lee la entrevista completa de Natalia Verbeke y sus flechazos cinematógraficos en la revista digital haciendo clic aquí

Texto: Román Bellver
Fotos: Juan Naharro