SERGIO DALMA: “Las personas ya no se miran a los ojos, están más pendientes del móvil”

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Para imponer su estilo en plena movida madrileña, Sergio Dalma se armó de pasión y personalidad hasta llegar al éxito con Esa chica es mía. Su forma de vivir el fútbol también tiene un sello muy personal: su corazón siempre late por su primer amor, el CE Sabadell. Su nuevo álbum, “Cadore 33”, se estrenará el 12 de noviembre, y Sergio muestra un cierto alivio por poder desconectar hablando de música, amor y, como no, de fútbol.

Empezaste con un primer álbum en 1987 llamado “El Profeta”, antes de que se te conociera como Sergio Dalma…
Sí. En aquella época hacía un poco de todo dentro de la música: cantaba en orquestas e incluso hice jingels para publicidad. Ahí fue cuando un productor de jingels me propuso grabar una serie de temas que compuso. Fue un trabajo por encargo, algo muy puntual.

¿Cómo fue el proceso para pasar de Josep Capdevila a apodarse Sergio Dalma?
(risas) Fue muy curioso, porque ya teníamos grabado el disco “Esa chica es mía” y claro, pensábamos que Josep Capdevila era muy largo y que no era lo más idóneo para lanzar mi carrera en Latinoamérica. Probablemente si hubiera existido el lateral izquierdo Joan Capdevila no nos hubiera chocado tanto (risas). “Sabadell” tampoco era facilmente pronunciable fuera de Cataluña y nos fijamos en el pueblo de mi padre, Maldá, de la provincia de Lérida. Decidimos invertir las sílabas y se eligió Sergio Dalma. Al principio me sonaba rarísimo, me llamaban Sergio y, claro, no me giraba… Ahora, a veces me llaman Josep y no me giro (risas).

¿La experiencia de hacer jingels te sirvió en el aspecto técnico a lo largo de tu carrera?
Sí, mucho, sobre todo porque venía del mundo de las orquestas. Gracias al mundo de la publicidad, descubrí lo que era un estudio de grabación. Cuando haces un jingle, tienes que hacer de actor para vender un tomate o un refresco en 30 o 40 segundos. En la música también, pues tienes que venderle al público un proyecto a través de una canción que dura tres o cuatro minutos.

“En Latinoamérica se vive tanto por la música, que la gente es capaz de hacer muchos sacrificios para pagar una entrada”

¿De dónde te viene esa pasión por Italia siendo de Sabadell?
Mi madre era muy aficionada a la música y escuchaba canciones de Riccardo Cocciante y Adriano Celentano, eso siempre marca. Esas voces tan rasgadas y pasionales siempre me llamaban mucho la atención por su personalidad. Luego hice tres años de canto clásico y a raíz de eso empecé a estudiar italiano. Todo eso influyó e incluso me planteé vivir en Italia cuando me divorcié de la madre de mi hijo. De no haber sido por querer estar cerca de mi hijo, seguramente me hubiera ido a Italia porque siempre me ha atraído todo lo relacionado con la estética, la música, la moda, la comida, las mujeres y el idioma de ese país.

¿Fue tu voz la que le llevó a ese estilo de música, o la adaptaste a ese tipo de canciones?
Mira, volvemos a mis años en la publicidad, porque entonces empezó a crearse ese estilo. Recuerdo que entonces los anuncios eran con voces muy dulces, y el primer anuncio más contundente fue el de la cerveza San Miguel, que era el tema “She’s so beautiful” de Keith Richards, con una voz más agresiva, más rockera. Como cantaba todo tipo de música con las orquestas, no tenía definida una personalidad como cantante, y con esos anuncios tomé conciencia de que tenía que poner mi sello, y adopté ese estilo en función de la música que escuchaba.

¿Fue difícil imponer tu estilo en plenos años de La “Movida” española?
Efectivamente, iba a contracorriente, aunque ahora parece que sea al revés, pues hay más solistas que grupos. Salvo casos excepcionales como el de Miguel Bosé, era muy complicado ser artista solista en esa época. Llamé a las puertas de varias compañías de discos y la respuesta siempre era “no”, hasta que una pequeña compañía nacional, Orus, que se dedicaba al flamenco puro y duro, optó por experimentar con un artista pop. Así surgió “Esa chica es mía”. Le debo mucho a esa discográfica.

¿Cómo te percibían desde la Movida? Existía interacción?
¡Que va! Creo que ellos me veían como un extraterrestre. La movida era un estilo y un movimiento con muchísima fuerza y nosotros éramos los cantantes horteras, los de “música ligera” y demás adjetivos… Eso de música ligera no lo he entendido nunca (risas). Al final, en mi MP3 tengo todo tipo de música sin buscar etiquetarlas: Pavarotti, Maria Callas, Manolo García…al final todo es música. Lo de las etiquetas es muy típico de este país.

El éxito de “Esa chica es mía” te abrió las puertas de Latinoamérica: ¿Cómo es el público de Latinoamérica, es diferente?
Es un público muy cálido, que está acostumbrado a ir a conciertos. En Latinoamérica se vive tanto por la música que la gente es capaz de hacer muchos sacrificios para pagar una entrada. La verdad es que siempre me han tratado muy bien allí. Eso sí, pese a que España es un país muy complicado, he tenido la gran suerte de tener mucha fidelidad y cariño por parte del público de nuestro país.

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¿Cuál es tu mejor recuerdo de tus conciertos en Latinoamérica?
Viví una gran experiencia recorriendo México en una “Van” para promocionarme. Es un país que engancha y al que le tengo mucho cariño. También tuve la suerte de conocer muchos lugares de Argentina y Chile. Además, me gusta la buena mesa, así que me siento un privilegiado por haber podido descubrir los paisajes y la gastronomía de muchos países.

En 1991 ya eras conocido: ¿Cómo te animaste a participar en el Festival de Eurovisión?
“Esa chica es mía” fue disco de oro y platino, pero realmente yo era un cantante para público adolescente, por eso tenía mucho que ganar y poco que perder participando en el festival de Eurovisión. A raíz de “Bailar pegados”, le llegué a un público más variado y también más adulto. En aquellos tiempos, la selección se hacía de otra manera: se presentaban une serie de canciones y un jurado interno de RTVE decidía. Recuerdo muy bien cuando la discográfica me propuso presentar mi balada a la preselección… Me pareció una locura, pero al final fue clave porque supuso un espaldarazo para mi carrera.

“Vivimos una época de extraña soledad. Las personas ni se miran a los ojos, están más pendientes de los mails y del whatsapp de sus móviles”

Entonces acabaste cuarto: ¿cómo explicas que ahora seamos tan malos?
No creo que seamos tan malos, sino que ahora es un espectáculo más visual y puntual que antes. Ni tiene aquella atención de antaño cuando nos juntábamos todas las familias para ver el festival, ni se hace tanto eco en varios países cuando alguien gana. Pero considero que sigue siendo una experiencia que vale la pena.

¿Por qué ya no bailamos pegados?
(risas). Es que yo creo que no se baila, no se habla… Fíjate en la gente por la calle, las personas ni se miran a los ojos, están más pendientes de los mails y del whatsapp de sus móviles. Hemos llegado a una época extraña marcada por la soledad del individuo… Me da hasta risa, porque el otro día estaba en una cena y las cuatro personas de la mesa estaban pendientes del móvil. Se vive demasiado deprisa y con mucho estrés.

En 1998 también probaste un estilo un poco diferente a nivel de sonido con el álbum “Historias normales”…
Sí, es uno de mis discos favoritos, aunque no precisamente uno de los que más vendió. Me permitió trabajar con Piero Cassano, un productor al que siempre había seguido porque escribió muchos temas con Eros Ramazzotti. Tuvimos la oportunidad de grabar con músicos de Los Ángeles y de Inglaterra en varios estudios de Italia y España. Fue un disco muy amplio en todos los sentidos.

Hasta cantaste en catalán…
Es mi lengua materna y mucha gente me lo pedía, pero es difícil convencer a una multinacional. Al final lo conseguí y grabamos aquel “Déjame olvidarte” del 2003 en catalán. Recibimos el premio a la mejor canción en catalán de los“Premis de la Música” y a raíz de aquel disco se tomó la costumbre de añadir una o dos versiones de algún tema en catalán.

¿Se malinterpretó que quisieras cantar en catalán?
No, porque nunca lo hice como algo reivindicativo. Es más, creo que debe considerarse como algo normal. Hace unos años, Andrés Dobarro fue número uno en España con la canción “O tren”, cantada en gallego. Lo mismo ocurre ahora con el grupo catalán Manel.

¿Que música escuchas?
No escucho sólo baladas. En la música italiana hay cosas más “movidas” como Zucchero, Vasco Rossi o Luciano Ligabue. Escucho todo tipo de música, según mi estado de ánimo. También me gustan mucho, por ejemplo, María Callas o Manolo García.

Hablando del estado de ánimo: ¿te desahogas con las canciones lentas o huyes de ellas para no hundirse?
(risas) Creo que todos somos un poco masocas, y acabamos escuchando algo que nos hunde más. Al fin y al cabo, el ser humano es un poco así. Y todos sufrimos igual: el artista, el albañil, el maestro…

Cantas al amor pero ¿Lo concibes para toda la vida?
Considero que todo tiene su periodo de caducidad y que mientras dure lo tienes que disfrutar. Lo del carpe diem tiene más sentido que nunca. Esa obsesión en casarse para toda la vida es como una losa. A lo mejor, sin saberlo ni quererlo, al final vives una historia para toda la vida, pero nunca tienes que tener esa losa encima.

“Tengo recuerdos imborrables de ir al estadio de la Creu Alta con mi padre cuando el Sabadell jugaba en Primera”

¿Crees en la fidelidad?
Los celos existen por la inseguridad del individuo y provocan la infidelidad. También es cierto que puedes cruzarte con una persona que te descoloca y te rompe los esquemas. Eso sí, no comulgo con la letra de “Jardín prohibido”. Es una buena canción pero si alguien la escribiera ahora provocaría muchas reacciones (risas).

¿Sueñas con cantar en algún escenario en particular?
Cumplí un sueño de niño hace año y medio cantando en el Festival de San Remo. Es un evento que todavía paraliza a todo un país como Italia. Afortunadamente, tuve la oportunidad de cantar en escenarios emblemáticos como el Liceu, el Palau de la Música o el Palacio de los Deportes, pero San Remo es algo que siempre ha significado mucho para mí.

Háblanos de tu nuevo álbum, Cadore 33, que se estrenará el 12 de noviembre…
Después de Via Dalma, seguimos ampliando el callejero con Cadore 33, que es la calle de Milán donde grabamos tanto los Via Dalma como este álbum. La diferencia es que ahora son canciones originales, pues ya tenía ganas de algo nuevo. Al haber grabado con Claudio Guidetti, que es el productor de los Via Dalma, seguimos esa línea mediterránea. He trabajado con autores nuevos, pues un tío como yo, con 49 años, tiene que cantar canciones de amor y desamor pero con mayor madurez.

¿Como se vive el amor con 49 años?
La ilusión no se puede perder en ningún ámbito de la vida, y menos en el amor. Ya no lo sientes como un adolescente, con sentimientos y sensaciones que te hacen perder la cabeza, pero te sigue ilusionando como el primer día.

Y sigues siendo tú, nada de teñirse el pelo ni de cirugía estética como otros “latin lovers”…
(risas). Me gusta mostrarme como soy. Estoy a gusto conmigo mismo, y el público también lo nota. Lo mío es cantar las cosas que me escriben a medida y con las que me siento identificado. Además, cuando bajo del escenario, me gusta pasar muy desapercibido.

¿Ya hay fechas de conciertos y giras?
En teoría empezaremos en febrero, a caballo entre España y Argentina. Por ahora nos centramos en la promoción del álbum en España y Latinoamérica. Eso sí, tengo muchas ganas, porque siempre tengo el mono de subir al escenario.

¿A qué equipo de fútbol sigues?
Soy del CE Sabadell. Tengo recuerdos imborrables de ir al estadio de la Creu Alta con mi padre cuando el Sabadell jugaba en Primera. Creo que un equipo tan emblemático ha de estar siempre, como mínimo, en Segunda división. Lo están haciendo muy bien, y me siento orgulloso, aunque todavía tienen pocos abonados.

Eso es porque no te han invitado para promocionarlo…
(risas). Yo iría encantado, pero el nuevo presidente, Keisuke Sakamoto, es japonés, así que igual no sabe ni quien es Sergio Dalma (risas).

¿Tienes algún equipo preferido en Primera División?
Realmente no. Llegué a Madrid con 22 años y me gustaba mucho la forma de jugar de Emilio Butragueño. En esa época había muchos jugadores del Real Madrid que me llamaban la atención pero ante todo me gusta el fútbol. Por eso siempre animo a quien mejor fútbol esté haciendo, sea el Valencia, el Atlético de Madrid o el Athletic de Bilbao.

¿Jugabas al fútbol?
Yo era el tipo más malo jugando al fútbol. Para jugar tuve que montar mi propio equipo de fútbol y mis propios compañeros me decían “mejor que no juegues”. Recuerdo que necesitábamos un patrocinador y al final nos esponsorizó un amigo ortopédico de mi padre: pasámos a llamarnos “Instituto ortopédico del Vallés”… Al final, nos llamaban “los ortopédicos” (risas).

Descubre el nuevo videoclip “Si te vas” de Sergio Dalma pinchando aquí.

Texto: Román Bellver (twitter: @Romanbellver)
Fotos: Xaume Olleros